UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

  

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TRAICIONES

Mientras sea el momento de definiciones, puertas falsas y traiciones, muy pronto, en el gobierno de la reciente Ciudad de México, tendrán que darse cuenta de que en la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, la cosa puede explotar con un escandaloso ruido político que no conviene para estos tiempos. Y es que se dice que la dependencia que encabeza Felipe de Jesús Gutiérrez, se ha convertido en una especie de granja donde vacas, puercos y pollos se encargan de tramitar todos los asuntos que tienen que ver con los estragos y secuelas del sismo y con los nuevos desarrollos inmobiliarios delegacionales que inundan la inhabitable ciudad. Hasta ahora, en las oficinas del gobierno de la ciudad, solo han podido controlar el malestar de quienes construyen, porque las condiciones del diezmo y las que se les exigen para cumplir con su trabajo son cada vez más difíciles y burocráticas. No estaría nada mal que la contraloría, o quien sea, escuchen las quejas de los desarrolladores y que se investigue a fondo cada una de las denuncias con el fin de que la vaca, los puercos y el pollo no conviertan la granja con apariencia de secretaria, en un cochinero. ¿O será que ya es tarde?

Tal vez sí, porque Mancera seguramente no encuentra otra salida para su futuro y sigue luchando por el Frente que le dio la espalda. Quizá en algún momento recapacite y se dé cuenta de que a pesar del fétido olor a traición que inundó todas las negociaciones entre las partes, habrá tiempo para pagarla con alguna medida que responda en tamaño y forma a las condiciones a las que lo han sometido. Visiblemente enojado, el jefe de Gobierno, aseguró que no seguiría dentro del frente espurio en caso de que el método para elegir candidato a la Presidencia fuera contrario a las exigencias de transparencia y legitimidad que postula la democracia. En una declaración que suponía dar por muerto al tal Frente, explicaba que Dante Delgado, líder de Movimiento Ciudadano y el marchante más grande en el mercado de la política, se uniría al Partido Acción Nacional, es decir, no tendría el lugar neutral, o cargado al Partido de la Revolución Democrática como se había supuesto.

Así que antes de que las traiciones marquen el paso de esa asociación ridícula y ficticia, y que Mancera se convierta solamente en comparsa, éste decidió pintar su raya con la confianza de que en el partido del sol azteca tendría todo el apoyo de las fuerzas del partido para presionar por un método democrático, o para romper los acuerdos que sustentan al frente y que ya no cabían en el esquema que busca para dar un poco de credibilidad a la elección del candidato. El tufo a traición es tan pestilente, que ya nadie lo puede negar, Mancera quedó descobijado, Delgado y Ricardo Anaya, líder del blanquiazul, lo habían engañado con aquello de que el candidato saldría de una medición popular, mientras preparaban la candidatura del panista, que hasta ahora se mantiene.

En el PRD sucedía algo muy parecido: una de las partes afirmó que iría en apoyo al PAN. Mancera no sólo camina con el puñal en la espalda que le había clavado Dante sino también con la traición de sus colaboradores. El frente se desmorona y si bien nunca hubo un buen augurio para esa asociación, porque es imposible conciliar los intereses de unos y otros, tampoco se esperaba un juego de traiciones y complicidades que marginaran al jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Probablemente algunas de las diferencias estén zanjadas, pero lo cierto es que Mancera sucumbió a los encantos e intereses azules, y sus condiciones para construir una candidatura ficticia pero cuando menos con posibilidades de triunfo, terminaron en el bote de la basura o en alguna pestilente e insalubre estación de transferencia.

 

 Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

04 de DICIEMBRE de 2017

 

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