UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

  

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SALARIOS BAJOS

Urge sacudirse la tiranía de las ideas. En nuestra visión del mundo, la teoría económica ha desempeñado un papel fundamental, pero desgraciadamente, también ha contribuido a distorsionar nuestra perspectiva y ha deformado la percepción de las fuerzas que guían el devenir de los acontecimientos humanos. Quizá esta aseveración ha sido de lo más destructiva en el ámbito del llamado mercado laboral, donde se ubican los salarios. La idea del mercado laboral es un poderoso y engañoso instrumento basado en curvas de oferta y demanda y tasas naturales de desempleo. Pero ni esas curvas ni la tasa natural existen. Son construcciones imaginarias de una teoría económica que “por el bien de todos”, requiere urgentemente una crítica responsable y una revisión radical.  

Los salarios son decisivos para acotar nuestro poder adquisitivo, desafortunadamente, se determinan por relaciones de poder económico y un enramado institucional que no es neutro y han sido por siempre un reto y una de las características centrales de la manipulada economía mexicana. “Dime cuanto ganas y te diré quién eres”. Pero no debes ganar más que el presidente electo.  

Desde hace mucho los aumentos al salario mínimo han estado ligados a la inflación esperada y no a la efectiva. En la actualidad el salario mínimo es de 88.36 pesos diarios, estimándose que para subsistir, el 80 por ciento de la población que percibe un ingreso por su trabajo recibe hasta cinco salarios mínimos, y 20 por ciento recibe hasta tres salarios mínimos. Este año se espera que el incremento llegue a 6 por ciento a finales de diciembre, pero se espera que la inflación para finales de año alcance 4.5 por ciento, lo cual es una mentira y una estrategia demagógica que  explica el desplome del poder adquisitivo.

En las ríspidas negociaciones sobre el TLCAN uno de los temas centrales sobre los que insistió Estados Unidos fue la necesidad de incrementar los salarios, que alcanzan los niveles más bajos de Latinoamérica. Esta postura dejó más claro que el agua, que en México y en muchos países latinoamericanos, las autoridades económicas han sido prisioneras de visiones sobre el mercado laboral que son completamente falsas. Una de ellas, totalmente distorsionada y aceptada por amplias capas de la sociedad, se refiere a que al capital y al trabajo, les corresponde proporcionalmente lo que aportan a la producción.

La otra visión descansa en la idea de un mercado laboral en el que la oferta y la demanda de trabajo determinan el precio (salario) del factor trabajo: Cualquier empresa sabe perfectamente que cuando bajan los salarios y hay expectativas de que el mercado laboral se mantendrá estable o en expansión, contratarán mayor cantidad de personal, pero si se espera que el mercado estará deprimido, no ofertaran vacantes aunque los salarios bajen, es decir, curvas de oferta y demanda en ese mítico mercado que ni siquiera pueden apoyarse en la teoría económica convencional. De ser así, los esfuerzos del nuevo gobierno por reducir la tasa natural de desempleo serán infructuosos y sólo generarán mayor expectativa sobe la inflación, trabajadores y empresas aumentaran sus demandas de salarios más altos e incrementos de precios.

El Banco de México sigue pensando en este marco conceptual a pesar de haber sido desacreditado por el presidente electo de México, y se ha demostrado que no puede servir como guía para la política macroeconómica. Lo que también se ha demostrado es que los precios de algunos productos de la canasta básica subieron por los continuos incrementos en los energéticos y el salario mínimo no sirve, ni alcanza para nada.

                                                                           Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

18 de Octubre de 2018

 

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