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EDITORIAL
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INTRIGAS PALACIEGAS EN LOS PINOS Una prueba más de la desesperación del equipo del primer círculo de Los Pinos lo constituyó la estrategia de comunicación diseñada en Los Pinos para descalificar a Alonso Lujambio, secretario de Educación Pública y sacarlo de la lista de los precandidatos presidenciales; le pusieron un cuatro. Las declaraciones que le obligaron a hacer a Lujambio a principios de la semana pasada sobre los jóvenes “ninies” (los que ni estudian ni trabajan) llevaban veneno. Poner en su boca que el número de ninies en México es de 285,000 fue algo más que un error, fue una estupidez y se demostró la mala fe de Felipe Calderón, porque al rector de la UNAM José Narro Robles, le hubiera bastado contestar: “señor secretario de Educación Pública antes de hacer declaraciones, conecte la lengua al cerebro”. Como suele pasar en este tipo de casos, es imposible que un líder social como el doctor Narro permanezca en silencio cuando a esos niveles no se trata de distorsionar la problemática educativa con falsos argumentaciones que intentan minimizar uno de los problemas torales de la actualidad educativa nacional. En el régimen de Calderón ha crecido el número de jóvenes ninies a dimensiones descomunales y es materialmente imposible tratar de esconderlo bajo la alfombra de la sala de realidad nacional o por decreto presidencial. La tasa de crecimiento del fenómeno de los nines es, guardadas las proporciones, semejante a la tasa de evolución de la violencia en México. Son problemas sociales interconectados donde cualquiera de ellos se refleja en los demás y además obligadamente tienen origen semejante. Por ello, con toda propiedad y pertinencia, el líder de la educación universitaria señaló lo que es evidente, el futuro del país depende de la solución que se adopte para resolverlos. Debe dejarse claro que la UNAM, en su calidad de conciencia crítica de la nación, no puede adoptar una posición pasiva y mantenerse al margen de la situación, sino que su papel social, la obliga a aportar las directrices que recomiendan los más altos especialistas y estudiosos de los diversos campos del conocimiento en bien del desarrollo de la nación. Si las autoridades federales toman o no en cuenta esas directrices, es un problema de diferente índole y el devenir de la historia más tarde o más temprano, emitirá su juicio. Pero no pretendan los líderes políticos, que la UNAM permanezca callada cuando se considera imprescindible su autorizada opinión. Gerardo Reyes Gómez 30 de agosto de 2010
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