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| EL PODER GLOBAL
DETRÁS DE
GEORGE BUSH Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 15-10-01) El
mundo aún no sale de la sorpresa que le provocó la declaración de
guerra de los EE.UU. a Osama bin Laden y al terrorismo. La cual, en un
principio, parecía obedecer solamente la venganza; una reacción un tanto
animal a una hiriente provocación que el 11 de septiembre destruyó parte
de los símbolos de mayor orgullo del imperio del capitalismo. Sin
embargo, pasadas las primeras impresiones, se impone la necesidad de un análisis
mucho más serio de la nueva realidad. Especialmente cuando la guerra de
la información mediante la censura y autocensura, tiene sitiada a buena
parte de la opinión pública mundial y le escamotean hechos y datos
importantísimos para construir una explicación coherente, en medio del
caos que provoca la manipulación. Para
cualquier persona que haya tenido el tiempo suficiente para observar la
posición que ocupa Afganistán en el mapa asiático se habrá percatado
que, curiosamente, este se encuentra situado justo en corazón de Eurasia
y quien domine Eurasia dominará el mundo. Para los geoestrategas
imperiales, llámense, estadounidenses, rusos, germanos o chinos, Afganistán
es la llave que este mismo siglo controlará los equilibrios geoestratégicos
del planeta. ¿Acaso es una casualidad que el gobierno ruso haya perdido
miles de soldados inmolados en Afganistán tratando de imponer su hegemonía
en esa parte del planeta? ¿Acaso también es una casualidad que toda la
fuerza y recursos de la Central Intelligence Agency estuvieran canalizados
a evitar que Rusia lograra establecer esa hegemonía, mediante el envío
de armas, dinero, equipos de comunicación y el apoyo logístico y de
asesores encargados de capacitar a buen número de ciudadanos afganos? En
estos momentos, con la guerra declarada por George W. Bush, se están
sentando las bases en Eurasia de las condiciones geopolíticas que el
modelo de los EE.UU. ha previsto de acuerdo a las inercias de desarrollo
económico y político de las naciones de la región. Un modelo predictivo
que contempla la emergencia de China a la competencia global como un
imperio capaz de aliarse con la que muy probablemente será otra potencia
de nivel medio: la India. Y si a lo anterior logra sumarse Rusia, aun
cuando ésta no recobre las repúblicas que se disgregaron con la disolución
de la antigua URSS, entonces, se pondría en peligro el futuro de los
EE.UU. como la gran capital del imperio global. Eso es lo que actualmente
se está dirimiendo en Afganistán, un territorio estratégico a través
del cual tendrían que transitar los flujos energéticos para alimentar
los complejos industriales de esa importante zona planetaria. El ataque aéreo
a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono, así como Osama bin
Laden y la guerra contra terrorismo, no pasan de ser buenos pretextos que
han servido para establecer las alianzas entre EE.UU. y sus
incondicionales. Recordemos que George Bush no está calificado como un estratega geopolítico ni siquiera medianamente brillante, sin embargo él sólo es el responsable de dar la cara, los verdaderos estrategas forman parte del nuevo poder global. Ellos sí evitan dar la cara, pero en todo el mundo sentimos los efectos de sus decisiones.
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