Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

INOCENTE PALOMITA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 11-02-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

Después de casi cinco meses de investigaciones, casi tres semanas de juicio en el Senado de Estados Unidos, y a siete semanas de ser formalmente acusado por la Cámara de Representantes de delitos que ameritan su destitución (lo que se conoce como impeached), el presidente Trump fue exonerado. Como estaba previsto, a pesar de las pruebas abrumadoras presentadas en su contra, el Senado actuando como jurado, declaró no culpable al arrogante presidente de los dos cargos con los que la Cámara de Representantes lo llevó a juicio político. Lo declararon inocente de haber abusado de su poder al condicionar la ayuda militar que su país entrega a Ucrania a cambio de que su homólogo Volodymir Zelensky abriera una investigación contra el hijo del ex vicepresidente y aspirante presidencial demócrata Joe Biden, y consideraron que no obstruyó la acción de la justicia durante las investigaciones del Congreso en torno al primer cargo. Por lo tanto, es ordenado y adjudicado que Donald John Trump sea absuelto de los cargos, proclamó el jefe de la Suprema Corte, John Roberts, quien presidió el juicio político, y así cayó el telón de este espectáculo.

Con esta apresurada resolución, el Legislativo de Estados Unidos sancionó la continuación de la ilegalidad y la indecencia en la Casa Blanca. Al margen de las motivaciones que hayan llevado a los demócratas a impulsar el proceso de juicio político, el carácter delincuencial de la conducta trumpiana se encuentra documentado más allá de toda duda, por lo que absolverlo supone abrir las puertas a cualquier atropello. Si a ello se suma la obstrucción de los senadores republicanos a que la acusación citase a testigos claves en el entramado de diplomacia irregular urdido por Trump y sus colaboradores, no queda sino concluir que el partido mayoritario en el Capitolio es cómplice en los actos ilícitos del mandatario.

En suma, el bipartidismo, que constituye una de las bases más arraigadas del sistema de Washington, desvirtuó el procedimiento político más serio de la nación hasta convertirlo en un episodio vulgar que favoreció a quien ha sido cuestionado por sus constantes transgresiones al orden legal. Además de desnudar la inoperancia de este sistema para salvaguardar la normalidad democrática, la absolución fast track del mandatario ahonda la fractura política existente en la ciudadanía, pues una buena parte de la población reconoce que su jefe del Ejecutivo resulta impresentable, una verdad en la que este sector lúcido de la sociedad estadunidense coincide con el resto del mundo.

Tal impunidad supone una pésima noticia: si el magnate de los bienes raíces se ha distinguido por su bravuconería y su total desprecio a las normas, incluso en momentos en que su poder se vio amenazado, ahora que el partido que controla la Cámara alta y al Poder Judicial le ha refrendado su apoyo incondicional, sólo resta esperar la acentuación de sus peores rasgos. El Partido Demócrata, por su parte, aparece descolocado, huérfano de programas y de prospectos presidenciales capaces de articular los descontentos sociales con la esfera político-empresarial en la que se toman las grandes decisiones en Washington.

En lo que toca a México, la consolidación del mandato de Trump representa la continuidad de una espada de Damocles pendiente sobre los siempre frágiles y complicados equilibrios de la relación bilateral. El gobierno y la sociedad mexicana debemos prepararnos para años y meses difíciles, pues a estas alturas es bien sabido que atacar al vecino del sur es uno de los recursos favoritos de Trump cada vez que necesita exacerbar las paranoias y los chovinismos de su base electoral.

Trump, quien siempre ha denunciado que esto fue una farsa y parte de una cacería de brujas en su contra, y cuyos aliados denunciaron este esfuerzo como un intento demócrata para revertir la previa elección e interferir en la próxima, emitió una primera reacción al resultado tuiteando un meme que había usado anteriormente con su imagen y un calendario electoral en el cual, cada cuatro años, va ganando... a perpetuidad. No es la mejor imagen democrática en un sistema que sólo permite dos turnos al presidente.

Trump fue calificado por los acusadores demócratas durante el juicio como alguien que se considera por encima de la ley al incurrir en conducta corrupta para beneficiarse políticamente, poniendo en riesgo la seguridad nacional, vulnerando el proceso electoral y traicionando a su país. Afirmaron que no hubo un juicio real, y por lo tanto este veredicto no es legítimo. Pero este resultado refleja la realidad de que el juicio no es un proceso judicial, sino político. Y con la mayoría republicana controlando el tribunal, este fue el veredicto pronosticado casi desde que comenzó el proceso.

Finalmente, Trump, quien ha sido caracterizado como el presidente más peligroso de los tiempos modernos por varios legisladores demócratas y otros observadores, sale ileso y por ahora políticamente fortalecido al inicio de su campaña por la relección. En algunas encuestas recientes, y a pesar de lo revelado y declarado en su juicio, su aprobación ascendió al nivel más alto desde que ocupó la Casa Blanca.

Todos esperan que Trump intensificará su ataque contra todo político que se atrevió a desafiarlo, sobre todo a sus ex colaboradores, y sin duda al Senador por Iowa, Romney (ayer, uno de los hijos del mandatario llamó a expulsarlo del partido), y que retomará sin ningún sentido de autocrítica su forma de gobernar, algo que quedó claro con su discurso ante el Congreso al rendir el informe presidencial, el cual estaba repleto de por lo menos 31 exageraciones, engaños y mentiras que sirvió como el arranque de su relección. Ni modo, tenemos Trump para rato.

 


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