Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DOS BOCAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 20-05-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

En materia energética, México enfrenta hoy una dificultad muy seria, pues es un país productor de petróleo que depende del exterior para satisfacer la demanda interna de combustibles, lo que representa un riesgo para la soberanía nacional. Por ello, no extraña que muy a su estilo y con una enorme apuesta al futuro, el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió cancelar el proceso de licitación de la refinería de Dos Bocas cuyos términos, de acuerdo a sus argumentos, no fueron atendidos por las empresas extranjeras invitadas a participar como concursantes en su construcción.

El tabasqueño afirma que las propuestas de las empresas privadas que cuentan con el Know-how (saber hacer), llegaron a oscilar entre 10 mil millones y 12 mil millones de dólares, o 0.8 por ciento y 1.0 por ciento del PIB, y los plazos de ejecución propuestos eran demasiado largos. El gobierno además de reafirmar que el proyecto no debería tomar más de tres años para ser concluido, insistió en que debería costar 8 mil millones de dólares, o 0.7 por ciento del PIB. En consecuencia, bajo la figura de administración propia y ya como paso sin retorno, el Presidente se dispone a iniciar su construcción con ingeniería, tecnología y mano de obra hecha en México. El próximo 2 de junio, ingenieros y trabajadores de Pemex acompañados por el Instituto Mexicano del Petróleo enfrentarán un desafío inmenso por cuanto, como se ha dicho, no se ha construido una refinería en más de 40 años.

Todos esperamos que el Presidente haya tenido en cuenta los ángulos de su decisión; no sólo la ingente complejidad técnica del proyecto y su correlato administrativo, sino el contexto económico absolutamente adverso en que se moverá ya que, en medio del alud de reprobaciones iniciado, necesita y necesitará el más amplio respaldo a esa decisión, porque es mucho lo que está en juego para México. Los grandes capitalistas mexicanos y extranjeros sin tener idea del alcance de la transformación buscada, ya critican la decisión como una vuelta al pasado, con un Estado que decide hacer las cosas por sí mismo en bien del conjunto del país.

Seguramente, reconstruir el aparato productivo del país para ser capaz de producir en concordancia con una sociedad que alcanza una justicia redistributiva efectiva, borrar al extremo la corrupción, eliminar la discriminación por causa de género, llevar la justicia social a los excluidos de la historia y mucho más, tardará más que el suspiro de un sexenio. Quedará para la historia el momento efectivo en que el Presidente tomó la decisión de dar ese giro radical a la política energética y modificar la estrategia de ejecución del proyecto de la nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco.

La dirección será asumida por Rocío Nahle, secretaria de energía, por medio de la nueva subsidiaria de Pemex PTI Desarrollo de Infraestructura, cuyo director es Jorge Arganis, ex secretario de obras con AMLO y con Marcelo Ebrard en el Gobierno de la CDMX. y la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos supervisará la transparencia y el correcto funcionamiento del proyecto. El presidente destacó la participación del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) en la administración, coordinación y gerencia del proyecto junto con el área respectiva de Petróleos Mexicanos (Pemex) y adelantó también la presencia de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Mexicano de Ingeniería y las Comisiones Federal de Electricidad y Nacional del Agua. Así se llega a una determinación audaz, inspirada en la gesta cardenista que en 1938, rescató a la industria petrolera luego de la expropiación.

Dejar de lado el proyecto de la refinería, plantea más preocupaciones sobre la previsibilidad de las decisiones políticas del gobierno, en particular después de la cancelación del proyecto del aeropuerto en octubre pasado, y sobre las consecuencias para los inversionistas en confianza, asequibilidad de la deuda y crecimiento. Construir la refinería de Dos Bocas, es un proyecto complejo, pues implica procesar 340 mil barriles diarios de crudo pesado tipo maya de 22º API (medida que indica la densidad del petróleo en relación con el agua).

Para la obtención de los productos finales como las gasolinas regular o premium, y otros productos útiles (como diésel, azufre y coque, entre otros) el crudo debe pasar por 17 plantas individuales interconectadas mediante múltiples procesos que deben cumplir con estrictas normas tanto nacionales como extranjeras de tipo general y en disciplinas como mecánica, de tuberías, eléctrica, instrumentación y de seguridad para garantizar que la calidad del producto final se ajuste a los requerimientos internacionales. Como puede verse, se trata de un reto formidable dado el limitado conocimiento del gobierno en la construcción de refinerías. Encarar este desafío puede ser un detonador en nuestro país del avance científico y tecnológico en éste y otros campos del conocimiento.

Las objeciones que se han planteado para este proyecto, son diversas y muy atendibles, particularmente aquellas que abordan el tema ambiental señalando que en lugar de continuar por el camino de los combustibles fósiles debería optarse por el de las energías limpias. Todo eso es cierto, pero no debe verse como algo excluyente, pues es innegable que hoy, además de resolver el problema de la producción de gasolinas, debemos avanzar también hacia otras fuentes energéticas, y aquí la solución no la vamos a encontrar con un retorno al pasado, sino con más investigación en ciencia y tecnología.

 


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