Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

SANTA LUCIA, INVIABLE OPERACIÓN

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 06-05-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

“La decisión es obedecer el mandato de los ciudadanos, se van a construir dos pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía, se va a mejorar el de la Ciudad de México y se va a reactivar el aeropuerto de Toluca”.

López Obrador, presidente electo 29 de octubre 2018.

En una extensión de 2 mil 331 hectáreas, la Base Aérea Militar (BAM) número 1, conocida como Santa Lucía, comenzó operaciones en noviembre de 1952. Hoy, se considera el centro neurálgico de las operaciones de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), ya que en un máximo de dos horas cualquier aeronave de ocho escuadrones aéreos (helicópteros y aviones) allí resguardados, puede llevar tropas o ayuda humanitaria al punto más lejano del territorio nacional. Es también un espacio de alta seguridad donde se resguardan y se destruyen armas aseguradas al crimen organizado. Dentro de su recinto se encuentran:

Tres zonas de hangares, el centro de entrenamiento de la Policía Militar; el de las Fuerzas Especiales y Fusileros Paracaidistas; el Museo Militar de la Aviación Mexicana; Instalaciones educativas de nivel superior, como la Escuela Militar de Tropas Especialistas de la Fuerza Aérea, la Escuela Militar de Ingenieros y también la Escuela Militar de Materiales de Guerra, tres desarrollos habitacionales para las familias de 3 mil militares, tiendas, escuelas de nivel básico para la educación de los hijos de militares y de la población que habita en inmediaciones de la base, cuenta con alojamiento para unos 8 mil soldados que durante cinco días permanecen acuartelados como parte de los programas de capacitación, adiestramiento, entrenamiento físico y prácticas de campo. De acuerdo con el plan maestro diseñado por el Grupo de José María Rioboó, empresario cercano a López Obrador, todo esto será demolido y reubicado para dar paso a la construcción del aeropuerto internacional.

El plan daba un costo estimado en 70 mil millones de pesos, monto que se elevó más de 10 por ciento una vez que la manifestación de impacto ambiental, elaborada por el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, expuso que faltó de considerar el cerro de Paula. El mismo plan adjudicó el estudio aeroespacial (que no ha sido entregado) a la empresa francesa Navblue, filial del constructor de aviones Airbus, pero todo hace suponer que la consultora sostiene que las operaciones simultáneas de la base militar de Santa Lucía y el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) son posibles.

Así, sin estrategias para la mitigación de impactos ambientales adversos, sin proyecto ejecutivo, sin estudios geológicos, sin viabilidad aeronáutica y sin la certeza del quehacer sexenal, pero ostensiblemente satisfecho, el pasado 29 de abril, el presidente Andrés Manuel López Obrador, anunció el inicio de las obras en Santa Lucia. Inviables para muchos pero que para su gobierno son fundamentales ya que junto con el tren Maya, el desarrollo del Istmo y la refinería en Dos Bocas, serán un ejemplo de cómo se puede llevar a cabo una política austera aplicando la ley del capricho o la del “Me canso Ganso” que en mi pueblo respetuosamente se le conoce como “Por mis huevos”.

A falta de todos los estudios señalados, imprudentemente la Secretaría de Comunicaciones y Transportes matizó: la colocación de la primera piedra, se trata de un acto simbólico. La construcción comenzará una vez que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) emita su resolución respecto de la manifestación del impacto ambiental que seguramente, por el encanto de la cuarta transformación (4T) será favorable al proyecto presidencial, no importa sobrexplotar el acuífero y dejar en corto tiempo a las comunidades de la región sin agua potable. El simbólico acto permitió al tabasqueño prodigar un cúmulo de elogios al Ejército, al punto de calificarlo como la institución de instituciones y sirvió como escenario para que diera otra buena noticia. “Puedo decirles que se llevó a cabo la consulta en los pueblos de alrededor de Santa Lucía. ¿Y qué creen? La gente aprobó el proyecto”.

Efectivamente, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano a cargo de Román Meyer y el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas afirmaron que en la consulta realizada el pasado 10 de marzo a la comunidad indígena de Xaltocan, en el municipio mexiquense de Nextlalpan, participaron 626 ciudadanos y se dio forma a una nueva asamblea de seguimiento dos semanas después, como lo dispone, según aseguró Román Meyer, el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

La mayoría dio el aval al proyecto y acordó: la ampliación y habilitación de la referida base como aeropuerto mixto; aportar tierras ejidales y comunales al proyecto, previo pago por las mismas; la comunidad accederá a los beneficios del proyecto y se garantizará el abasto de agua potable. Pero, más allá de los acuerdos, el Frente de Pueblos Originarios en Defensa del Agua y de la Organización de los 12 Pueblos Originarios del Municipio de Tecámac y Zumpango y otras comunidades aledañas a las instalaciones, con la etiqueta #Yo Prefiero Agua, reclaman la falta de diálogo por parte de las autoridades.

A López Obrador esta legítima postura ni siquiera lo despeinó, apeló a las cifras comparativas para exaltar la austeridad de su proyecto: ahorro de 100 mil millones de pesos respecto del frustrado aeropuerto en Texcoco, que costaría en conjunto 300 mil millones de pesos. Texcoco hubiera significado cancelar dos aeropuertos (el Internacional de la Ciudad de México y el de Santa Lucía). Se iban a tirar a la basura los 12 mil millones de pesos invertidos hace 12 años en la Terminal 2 y los mil millones de pesos destinados al otrora hangar presidencial. El aeropuerto actual cuenta con 771 hectáreas, mientras la base militar 2 mil 331, esto permite tener una reserva territorial para que a futuro pueda crecer esta terminal.

Aseguró que el despliegue técnico del Ejército permitirá concluir la primera etapa del aeropuerto en 2021, se pretende la construcción de 197 mil metros cuadrados, con un potencial de expansión a 400 mil, las dos pistas nuevas con una distancia entre pistas de mil 500 metros, cuando la normatividad internacional requiere un mínimo de mil 35, la torre de control, la terminal de pasajeros, el almacén de combustible y el estacionamiento. En una segunda etapa estaría la restructuración del campo militar, la terminal de carga y otras instalaciones.

La decisión  dejó de ser promesa de campaña y en el olvido quedaron los reclamos por las deudas contraídas y pagos pendientes de la obra suspendida en Texcoco que ascienden a miles de millones, se archivan también las recomendaciones de la Asociación Internacional del Aerotransporte (IATA), sobre la inviabilidad de que militares operen un aeropuerto civil y la imposibilidad de que coexistan dos terminales aéreas en la ciudad. El presidente dudó siempre del profesionalismo de esas sugerencias que según él, no actúan con la seriedad suficiente pero son muy afamados, “están como los tecnócratas, que sin perder su respetabilidad todavía se les considera importantes técnicos y miren cómo dejaron al país”. Su discurso invariable termina así: Si hay discrepancia no hay problema; lo importante es que podamos unirnos, por ejemplo, en lo fundamental. ¿Qué es lo fundamental en estos tiempos? Que se acabe la corrupción. Ya veremos, ya veremos.

 


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