Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

MIGRACIÓN

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 18-02-19)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

En un mundo cada vez más interconectado, el fenómeno migratorio internacional se ha ido complicando. Se presenta prácticamente en todos los países del orbe y se relaciona con diversos aspectos geopolíticos, culturales y de personas que buscan oportunidades para forjarse un nuevo horizonte en el extranjero. Obviamente y a pesar de qué en las agendas mundiales, es una cuestión preponderante y de máxima prioridad, en ocasiones los medios de comunicación minimizan y hacen sólo hincapié en las malas noticias, lo cual da lugar a que la atención se centre más en las opiniones que en los hechos y entonces el análisis equilibrado con sus implicaciones estratégicas, quedan al margen polarizándose la atención en discusiones y debates políticos, públicos y mediáticos.  

En los tiempos recientes, sabemos que proliferan movimientos provocados por conflictos, persecuciones, degradación ambiental y una acusada inseguridad que los migrantes deben afrontar en forma irregular y que les impide, por obvias razones, esperar en sus lugares de origen las vías legales para su tránsito. Por eso, cuando se habla de una migración más segura y mejor regulada a escala mundial, es necesario que haya un creciente reconocimiento sobre la complejidad de los desplazamientos internacionales cuyo eje gire en torno a la eliminación de la figura irregular, pues la falta de documentos es totalmente involuntaria. Ahora más que nunca, Estados Unidos, en la figura del presidente Donald Trump, se ha negado a esta posibilidad, el individuo cada vez que abre la boca, genera entre sus fanáticos, un discurso lleno de odio, divisivo y xenófobo contra los migrantes, cuyo contenido permea entre sus fanáticos y además, peligrosamente a una buena parte de la sociedad del país de las barras y las estrellas, que indignamente representa.  

El controvertido magnate, no sólo se niega a debatir un fenómeno de interés para su propio país, sino que busca, sin el mínimo argumento lógico ni de veracidad, la construcción de un muro como la solución de todos sus estigmas y problemas. Aprovecha su discurso para criticar a la prensa por dar noticias falsas en su contra, y al mismo tiempo, para promoverse como el salvador del pueblo estadunidense, de los abusivos migrantes ilegales que incrementan el crimen, quitan los empleos, abarrotan las escuelas y saturan los programas sociales y los servicios de salud y no dejan de ser una amenaza para la estabilidad financiera de todo Estados Unidos. Su infelicidad y su amargura, se han visto agudizados ante el fracaso para conseguir los más de 5.7 mil millones de dólares que exigió en diciembre pasado y que al no lograrlo se cerró el gobierno federal durante cinco semanas y quedaron sin paga 800 mil trabajadores.  

Al conocer que para su muro en el presupuesto federal recién aprobado –el Congreso asigno mil 375 millones de dólares– que servirán sólo para construir 90 kilómetros de la nueva barrera, el mandatario declaró la emergencia nacional con la finalidad de echar mano a recursos asignados a otras dependencias de la administración Federal. Una maniobra extraordinaria que líderes demócratas y otros opositores denunciaron como inconstitucional y un abuso del Poder Ejecutivo. Con ello Trump pretende conseguir los fondos que le negó el Congreso para su muro en respuesta a una crisis fronteriza inventada por él mismo, “una invasión de drogas, de pandillas y de personas lo cual es inaceptable”.  

El mandatario estadunidense señaló que estaba preparado para las demandas judiciales que se interpondrán para congelar su declaración de emergencia, y pronosticó qué aunque esperaba perder en los tribunales inferiores, ganaría al final ante la Suprema Corte. La presidenta de la cámara baja Nancy Pelosi y el líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer, calificaron la declaración de emergencia como ilegal, al anular el poder exclusivo del Congreso de controlar el gasto federal, y avisaron que tomarán acción en la legislatura como en los tribunales para oponerse a la medida afirmando que “la declaración ilegal sobre una crisis que no existe hace gran violencia a nuestra constitución…. El Congreso no puede permitir que el presidente triture la Constitución”.

Con este acto, Trump intentará destinar casi 8 mil millones para la construcción o reparación de barreras a lo largo de 370 kilómetros y consumar una de las amenazas recurrentes con que fustigó a la oposición durante los meses pasados. También, su xenofobia semejante a una enfermedad terminal, cobró la forma de una permanente estigmatización en contra de México y los mexicanos, cuya continuidad resulta, a más de repulsiva en sí misma, hipócrita en momentos en que, con una mano, el magnate agradece y elogia al gobierno de México por su cooperación para enfrentar las caravanas que buscan llegar a su país, mientras con la otra promueve medidas de odio y segregación.

En torno a este tema, el presidente Andrés Manuel López Obrador no puede engañarse en su postura institucional, es entendible que no quiera polemizar ni faltarle al respeto a Trump, pero no puede dejar de reconocer que hablar mal de los migrantes mexicanos, es hablar mal de México, pues hay millones de connacionales que han debido marcharse del país por falta de oportunidades y la exigencia del muro es otra afrenta para el país.

Creemos que su gobierno por medio de la cancillería, debe reforzar la protección de los connacionales y señalar públicamente que pondrá en marcha diversos mecanismos dirigidos directamente sin intermediarios, con el apoyo de los consulados; mil millones de pesos no estarían mal. En materia de migración, sería una buena manera de revirar el golpe y plantear diferencias.

 

 


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