EL DÍA DESPUÉS, DEL SOL AZTECA
Por Gerardo Reyes Gómez.


Aunque las cosas se ven venir, Cuauhtémoc Cárdenas, luego de tres campañas presidenciales fallidas, tendrá que abdicar a su posición en el liderazgo activo de su organización, ello impondrá  una reestructuración del Partido de la Revolución Democrática.

Dentro de las dos semanas posteriores al 2 de julio y luego de enjugarse las lágrimas de la esperada derrota, se hablará insistentemente de la necesidad de una asamblea nacional del partido amarillo, pero una cosa es incontrovertible: el platillo fuerte, el de los reacomodos de los liderazgos efectivos, se cocinará al margen de la participación de la base.

Con la ya decidida salida de Cuauhtémoc, el PRD sufre una fuerte crisis de carencia de prestigios entre sus principales figuras. Andrés Manuel López Obrador, con mucho la imagen predominante en ausencia de Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, tendrá sus propias e intensas preocupaciones al saberse perfilado, desde la gubernatura del D.F. como el candidato del Sol para el próximo sexenio.

Así que, después del día "D" (el de la derrota) los ojos de los perredistas inteligentes buscarán entre sus escasos activos de verdadera valía y descubrirán que el senador Enrique González Pedrero, el ideólogo experto en teoría del Estado puede ejercer  con su inteligencia y su prestigio la presidencia del partido azteca.   

González Pedrero, quien fuera marginado a un escaño en el Senado, debido a pequeñas o grandes intrigas de grupúsculos de trepadores, que tanto daño le han hecho a su partido, podrá comenzar con una nueva etapa de consolidación y solidificación de las bases ideológicas de una nueva izquierda, misma que deberá enfrentar los retos impuestos por el globalismo salvaje, el cual constituye la verdadera amenaza para la transición a la democracia. El día después está a la vuelta de la esquina y quien esto escribe continuará con el tratamiento del asunto.