EL CLERO EN LA POLÍTICA
Por Gerardo Reyes Gómez

Leonardo Sandri, nuevo nuncio papal representante del Estado Vaticano en México, ha llegado pisando fuerte. El embajador es de origen argentino y la primera impresión que dio está relacionada con el rompimientos de los protocolos diplomáticos.

Para empezar, en el nombramiento de Sandri intervino el camarlengo del Vaticano (el funcionario eclesiástico encargado de dar fe de la muerte del Papa y de romper el anillo del Pescador) y, al parecer, eso fue en contra de la voluntad del cardenal Angelo Sodano, el secretario de Estado de Juan Pablo II quien, influenciado por aquel tenebroso personaje de triste memoria y de nombre Girolamo Prigione, pensaba nombrar, en la sede de la nunciatura de México a un prelado que todavía ejerce una función similar en la región del centro de Europa.

Luego don Leonardo Sandri, como un relámpago caído del cielo, adelantó su viaje a nuestro país y llegó cuando muy pocos lo esperaban. Casi sin darse tiempo para tomar respiro, el nuncio se fue directo a Chiapas en donde celebró pláticas con el sucesor de don Samuel Ruiz y prepararlo para la llegada del legado papal, Jorge Medina Estévez, quien viene a investigar la denuncia promovida por Prigione, en contra de el Tatic, don Samuel, por haber, según él, ordenado a mujeres, las esposas de los diáconos, lo cual está prohibido por la Iglesia.

Sin embargo, no terminó todo ahí. A su regreso de Chiapas Sandri entró en contacto inmediatamente con la Oficina de Los Pinos y solicitó y obtuvo una cercanísima fecha para presentar al doctor Zedillo sus cartas credenciales y quedar registrado como embajador formal de la llamada Santa Sede.

Ante este alud de acontecimientos lo menos que puede pensarse es que don Leonardo tiene prisa. Por un lado entra, justo a tiempo en el rejuego del proceso de sucesión presidencial y su primera declaración pública se refiere a que los buenos católicos deben ejercer su derecho al voto, lo que endulza el oído del mandatario mexicano pero, por otra parte, hizo pensar que la prisa demostrada está en relación directa con la propia sucesión de Juan Pablo II. El Papa ha dado muestras de importantes deterioros físicos en los últimos meses y quizá ya no hay mucho tiempo para tratar de arreglar los conflictos entre los miembros de la alta Mitra mexicana.

Aunque sin hacerlo suficientemente explícito el arzobispo primado de México Norberto Rivera Carrera siente que posee el perfil para suceder a Juan Pablo II. Obedeciendo a esa ambición, el cardenal Rivera formó un bloque de altos prelados que parecen estar en campaña para lograr su objetivo, sin tener reparos para obtener el apoyo de Prigione. Esto ya lo sabía don Leonardo Sandri, antes de llegar a México.  La pregunta crucial sería la siguiente: ¿se saldrá con la suya el dúo diabólico Prigione-Rivera?

Pobre Papa, que ya siente cerca los fuertes aleteos de las aves de carroña de la Mitra mexicana.