LA MUERTE DE JORGE CARPIZO
Por Gerardo Reyes Gómez.


Desde la tumba vacía de Mario Ruiz Massieu se escucho la alegre carcajada de un fantasma: el espectro había cumplido su palabra; terminó por  destruir la carrera política de Jorge Carpizo, su ex amadísimo jefe, haciendo así realidad su fantasía, de que "los demonios andan sueltos".

Mario, el ex subsecretario de Gobierno en la administración de Jorge Carpizo, dejó, en lo que puede llamarse su testamento político un documento para la historia: un compendio de misivas dirigidas a  quienes fueron sus amigos y enemigos de su vida. La obra publicada por la editorial Grijalbo, se denomina "Entrega Inmediata" y es muy difícil encontrarla debido a que fue "requisada" por las fuerzas obscuras de la procuración de justicia mexicana.

Para hacer más difícil el caso debo aclarar que nadie, de entre sus familiares, abogados o amigos de Mario Ruiz Massieu vio nunca su cadáver, lo que obliga a pensar con casi absoluta certeza, que Mario está vivo. Que todo fue un escenario montado por la DEA para brindarle la calidad de testigo protegido, creándole una nueva personalidad. Para todo efecto legal, Mario está muerto y Carpizo ya no tiene, como es su costumbre, a quien demandar por difamación. Además ¿quién mentiría en un testamento dictado en el lecho de muerte, o en su condición de huésped de ultratumba?

No, después de las revelaciones de Mario, ahora Carpizo también está muerto, aunque su deceso sea más cruel, porque él aún pertenece al mundo de los vivos. Para empezar la vieja ambición del ex secretario de Gobernación de Salinas, la de hacerse miembro distinguido del Colegio Nacional, con las verdades expuestas en el libro de Mario, el proyecto se vino a pique. Discretamente alguien le aconsejó que retirara su solicitud para su ingreso, dado que ahora podría ser rechazada en forma ignominiosa.

Y es que el libro de Mario es terrible. Como un Rembrandt, el pintor flamenco, mago de la luz y los claro obscuros, el autor fue delineando con pinceladas de realidad el retrato oculto de Carpizo, el perfil de sus debilidades, sus odios, rencores, mezquindades, bajas pasiones y falsas virtudes. Con pelos y señales dejó desnudas las partes  descarnadas de su enferma mentalidad y anatomía. Y uno se pregunta ¿cómo es posible que ese tipo de individuos haya estado en el centro de la toma de decisiones políticas del Estado Mexicano? ¿Acaso la política del Gobierno mexicano está dirigida por mitómanos, histéricos y enfermos de poder?

Si tenemos una pizca de razón, Mario, dondequiera que se encuentre, y cualquiera que sea su nueva personalidad, debe estar riendo a mandíbula batiente. Su venganza ha sido total. ¡Vaya justicia, la del ojo por ojo y diente por diente!