recibir alguna demanda por acoso sexual. En términos de eficiencia,  ella abandonó la costumbre de llegar a las juntas del Gabinete montada en su motocicleta Harley Davidson y, como su jefe, se dedicó a nadar de muertito durante el resto del sexenio, escudada en el bajo presupuesto destinado a su Secretaría. Después ya sólo atendió, sin mayor pena ni gloria, las demandas de corruptos grupúsculos de amigos.

Sin embargo, el doctor Woldenberg era, y aún en este momento lo es: una inversión. Y para asegurarse la lealtad para quienes lo favorecieron con el nombramiento de director del IFE, le fueron facilitados algunos recursos extras. La doctora Carabias no fue la única familiar beneficiada por aquellos que planearon la Alta Política. Uno de los peligros de hacer públicas las listas de quienes se beneficiaron fraudulentamente del Fobaproa, es encontrar algunas sorpresas, como el nombre de un hermano del director del IFE de quien además es socio.

De esta muy cuestionable manera, por decir lo menos, al legitimador de los comicios del próximo 2 de julio no le queda mucho margen de acción. Los estrategas de la Alta Política tienen todos los ases de la baraja en la manga y piensan conservar el poder. Dentro de tres semanas lo confirmaremos.