LAS MANIPULACIONES DE TV AZTECA
Por Gerardo Reyes Gómez.


Aprovechemos estos días en los cuales una buena parte de los mexicanos tomamos como premisa el asueto, el descanso o, al menos, el relajamiento, para hacer una muy seria reflexión; aquella que se refiere a la poca o ninguna ética mostrada por el señor Salinas Pliego, principal accionista de TV Azteca.

Para nadie es un secreto que ese señor Salinas, meciéndose en la cuna de los privilegios presidenciales bajo el sexenio del señor de las grandes orejas, pero aún más grande perversidad, logró por medios no muy honestos hacerse del control de aquella cadena de canales de televisión que pertenecía al Estado mexicano. De golpe y porrazo don Ricardo se hizo de una tajada de poder político al que no estaba acostumbrado. Cuando hizo consciente ese poder comenzaron los problemas. Se sintió como un semidios y con derecho a crear su propia corte en el Olimpo de su propiedad.

Las mujeres que lo veían caminar comenzaron a decir que, al hacerlo, parecía no tocar el suelo. Con la más descarada de las complicidades con el Gobierno se hizo de otra muy jugosa concesión: una de sus compañías se dedicó a traer los dólares de muchos de los mexicanos radicados en EE. UU., mediante el cobro de lo que él llamaba una pequeña comisión. Que ni era tan pequeña y le permitió esquilmar poco a poco los bolsillos de millares de paisanos, a quienes les había costado sufrimientos y mucho trabajo ganar esos dólares, parte de los cuales enviaban a sus familias de este lado del Bravo.

Luego, inflado de prepotencia, don Ricardo Salinas alquiló los servicios de ex empleados de Televisa y, entre ellos los de Paco Stanley. Un comediante de medio pelo, que poseía nexos con los narcos y delincuentes de la mafia organizada. Cuando se dio su ajusticiamiento TV azteca pretendió defenderlo. Montó una campaña para demostrar que habían asesinado a una blanca paloma y que don Ricardo nunca se equivocaba. Cuando pudieron torcieron la mano a la justicia, desinformaron y tomaron todo el embrollo como cosa personal.

Luego el asunto creció hasta crear un gran conflicto entre la empresa televisiva y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Como el empresario de marras no posee ni la más mínima formación de comunicador y no posee un gramo de ética, se lanzó de plano a fomentar el desprestigio de la dependencia encargada de procurar justicia. En contubernio con otras fuerzas del sistema político, se lanzó francamente a buscar la caída del procurador Del Villar.

Sólo que a don Ricardo se le olvidó que una empresa de comunicación esta para servir a su audiencia y no para manipularla. El poco respeto que le merecen sus televidentes hizo que pasara por alto que no está para hacer campañas personales utilizando sus medios de comunicación, sino para servir a aquellos a quienes están dirigidos los mensajes. Ricardo Salinas se ha puesto a la altura de los peores gángsters y no tiene ninguna justificación para hacer víctima de su estulticia a su sufrida audiencia.