EL LEGITIMADOR
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 05-06-00)

Quien se atreva a pensar que la Alta Política se diseña sobre las rodillas, se equivoca como lo hizo Richard Nixon, con el asunto de Water Gate. En México los estudios de prospectiva y construcción de escenarios  se proyectan a algo más de un sexenio.

Aún antes de que Ernesto Zedillo se sentara para decidir quiénes iban a formar parte de su Gabinete Presidencial, le fue entregada una lista de nombres y las posiciones que ocuparían. Él, como es natural y perfectamente entendible, no conocía a gran parte de los miembros de la lista, pero los que sí gobernaron a nuestro país, mientras Zedillo administraba y se ocupaba  de giras e inauguraciones, habían tomado ya en cuenta los perfiles de funcionarios que se requerirían, no solamente para desempeñar los cargos de los cuales serían responsables sino, lo más importante, el papel que jugarían en el proyecto de continuidad del modelo político nacional.

Así el nombre de José Woldenberg fue incluido en la lista, con mucha antelación a que Zedillo llegara a conocerlo. Él estaba destinado a ser el legitimador de los procesos electorales que culminarían el proceso de sucesión presidencial del siguiente sexenio.

Woldenber, un prestigiado universitario, que había militado más o menos  activamente en las filas de la oposición de izquierda moderada, estaba casado con la doctora Julia Carabias, otra universitaria que en asuntos de ecología ambiental gozaba de su propio prestigio y quien había sido activista de posiciones contestatarias de izquierda. Ellos  formaban un par familiar que ya mostraba algunas desavenencias aún incipientes, sin embargo, fueron nombrados en paquete para dirigir la SEMARNAP ella, y el esposo el IFE. Eso necesariamente le daría credibilidad al proyecto político del sexenio ya que el IFE había venido siendo un apéndice de Gobernación.

La izquierda pensante en México y especialmente los intelectuales, se tragaron la píldora. Finalmente, dos de sus pares habían sido reconocidos como sujetos políticos de la nueva estructura presidencial.
Nadie se atrevía a imaginar, en aquellos entonces, el papel fundamental destinado a Woldenberg.

Con el tiempo las relaciones familiares de la famosa pareja evolucionaron hasta alcanzar el punto de ruptura. Él buscó y encontró cómo cubrir sus necesidades afectivas y a ella le fueron seleccionadas y contratadas agraciadas jovencitas que le endulzaron la vida sin el riesgo de

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