EL ENTIERRO DE LA NOMENKLATURA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD-18-12-00)

Hace algunos años, en mis relativas mocedades, participé como muchos otros espectadores en un evento público presidido por el entonces candidato electo Carlos Salinas de Gortari, en Ciudad Obregón Sonora, y no puedo negar lo que entonces me impactó.

¿Qué tenía de particular esa reunión para dejar su huella política en mi memoria? Pues nada menos que una extraña presencia que rompía con los moldes de la congruencia. Si bien Salinas tenía sentado a su derecha a Luis Donaldo Colosio, quien se la pasaba haciendo dibujitos sobre una hoja de papel mientras Salinas pronunciaba su discurso, a la izquierda de Salinas ocupaba una silla el que terminaría siendo un siniestro personaje: Javier García Paniagua. Para decirlo en términos profanos don Javier representaba un prietote en el arroz.

¿Qué estaba haciendo ahí el hijo del general García Barragán en una reunión cuyo tema era la educación superior? A las claras se vio que era invitado especial de Carlos Salinas y, hasta mucho tiempo después, encontraría yo la cuadratura al círculo. Don Javier, como el último de los Mohicanos, terminó siendo el último y más poderoso miembro de la nomenklatura mexicana.

Recordemos que, entre los pilares en los cuales se asentaba el poder político de la familia revolucionaria que ejerció el poder durante siete decenios del pasado siglo, se encontraba un grupo de "vigilantes" o guardianes del sistema político. Era como un consejo secreto compuesto de un pequeño número de miembros que tenía la encomienda de preservar las instituciones políticas del Estado. Este grupo reportaba periódicamente al presidente en turno, quien era a su vez el responsable de nombrar, a la muerte de cualquiera de sus miembros, a quien debería reemplazarlo. Pero como muchas cosas que nacen buenas, ese grupo con el tiempo se corrompió y aspiró al ejercicio directo del poder desde la Presidencia de la República. Además, como contaban con gran fuerza y autoridad interna, sus miembros reclamaron algunos cotos de poder regionales para traficar con influencia, narcóticos y otros giros negros de los que hoy se beneficia la delincuencia organizada internacional.

Miembros prominentes del grupo terminaron en conflicto con el presidente Carlos Salinas y en el encuentro de campaña al que me referí al principio, se estaba propiciando una negociación con don Javier García Paniagua para que aceptara una responsabilidad como funcionario de la administración salinista. Carlos Salinas sí quiso negociar con la nomenklatura, pero finalmente terminó por herir no solamente a Don Javier, sino despidiendo con deshonor a don Fernando Gutiérrez Barrios,

(Continúa en la página 435)