EL ASALTO DE LOS EMPRESARIOS AL PODER
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 06-12-00)

Un ¡bravo! y tres ¡hurras! Don Vicente Fox pronunció el mejor discurso que haya presentado nunca un presidente ante el Congreso de la Unión, en ocasión de su unción como primer mandatario del país; llevó la voz de la esperanza a un pueblo descreído y profundamente desconfiado.

Con voz firme, a ratos un poco atropellada, logró imponer su personal estilo un tanto chocarrero, pero directo, alegre y soñador. Fox se pasó por debajo de sus tumbas etruscas las frías formalidades para quebrar la solemnidad propia de austeras ceremonias cargadas de anacrónico simbolismo. En sólo una hora nos mostró un milagro: lo que puede hacer la psico-mercadotecnia aplicada a la promoción de imagen. Sin embargo, la esperanza social que generó fue muy real. Con sólo cumplir la mitad de lo que prometió, se ganaría la gloria en el maltrecho cielo de los mexicanos.

Al mismo tiempo fue evidente que Fox nos mostró un Congreso dividido, mitad hostil y extremadamente polarizado. Don Vicente diría: "esos son los gajes de la democracia", sin embargo ello nos recordó que si bien el Instituto Federal Electoral le adjudicó la mayoría del voto ciudadano, él no obtuvo ni la mitad de los sufragios del padrón. Eso, para el señor de las botas de cow boy, puede ser pecata minuta, pero hizo la diferencia para no recibir la apasionada entrega de los legisladores a un proyecto que se sabe transnacional.

Quizá fue el mismo flamante presidente quien dio pábulo a que muchos de los legisladores y ciudadanos de México no le creamos. Ello porque en el programa del día de fiesta, el que se dice panista emitió señales encontradas  y muchos pensamos que no se midió.

Fox  llegó al recinto legislativo libre de pecado. Primero fue a comulgar y a saludar de abrazo a los prelados que para ello le estaban esperando; no fue un acto espontáneo y natural. El puede ser católico y creyente, pero también discreto e inteligente, sin que eso tenga que ver con la hipocresía. Al hacer ostentación de su credo, motivando a la dignatarios de la Mitra para buscar la foto y el reportaje en la televisión, insultó a los presentes y a los ausentes. A unos por que ponía en evidencia sus ilegítimas ansias decimonónicas para reivindicarse con el poder; a los otros, por que  no era Vicente Fox quien se daba los golpecitos de pecho para tratar de expiar así sus pecados, él, chueco o derecho, ya era el presidente de los mexicanos.

En el renglón de las incongruencias, entre el decir y el hacer de don Vicente, se permitió llevar hasta los extremos su informal estilo, entregó

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