HAY LIDERAZGO EN LA UNAM
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 28-11-00)


"Por mi raza hablará el espíritu", el lema universitario que formulara José Vasconcelos para la Universidad Nacional, misma que al final de esta década cumplirá un siglo, deberá ser materia de adecuación, ante la irrupción de un régimen político diferente al que ejerció el poder político en México durante los últimos siete decenios del anterior milenio.

Sí, diría Vasconcelos, el espíritu de mi raza deberá hablar, pero deberá ser  un espíritu nuevo, revitalizado, consciente de la responsabilidad de cambio e inmerso en la era de la información y en la sociedad del conocimiento. No necesariamente deberá ser un espíritu de esencia mercantilista, el que haga de la generación de la riqueza su primer objetivo. No el que convierta el diferencial entre el costo y la ganancia en su principal valor, sino el que permita ensanchar los límites de la justicia y la equidad social; no el creador de usufructo
per se, sino aquel que amplíe los horizontes de la felicidad y la concordia humana. Aquel que ponga al servicio de la sociedad el bagaje de conocimiento, la creatividad y el talento de los universitarios. Este parece ser el fondo del mensaje pronunciado por el rector Juan Ramón de la Fuente el pasado lunes 27 en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM.

Sabedor del impacto que sufrirá la Universidad debido a la particular visión, la formación y los estilos de quien próximamente tomará el timón de la nave del Estado, el rector De la Fuente intenta por todos los medios a su alcance sensibilizar a  su comunidad, lo cual es función principal de un líder que oteando en el ambiente encontró señales de peligro lo suficientemente intensas, como para causar preocupación.

En el sistema de educación superior, el rector De la Fuente sopesa con precisión el papel de las universidades públicas y el de sus complementarias, las universidades privadas. Da a la  diferencia entre ellas su justo valor y asume con decisión y firmeza la responsabilidad que a él le corresponde. Él sabe que la UNAM, para poder cumplir con el mandato social, debe contar con la más irrestricta de las libertades del pensamiento, investigación y cátedra. Por su misma esencia la universidad debe crear los espacios de discusión ideológica plural y eso la hace reducto natural de diversas corrientes disidentes. En sus aulas se pueden decantar las posiciones contestatarias de los grupos que representan el mosaico ideológico nacional. Siempre existe el peligro latente de que los universitarios, ante la imposición o el autoritarismo de Estado, contemplen la formación de grupos clandestinos que se auto proclamen defensores del pueblo, de que se organicen y antepongan violencia a la violencia. De que se formen células de guerrilla urbana o, incluso, de terroristas dispuestos a la inmolación. Por el contrario, de las

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