LA LEGITIMACIÓN DEL CANCILLER CASTAÑEDA
Por Gerardo Reyes Gómez.  (LD 21-11-00)

¡Es brillante, genial y morrocotuda! por decir lo menos; me refiero a la estrategia planeada para apoyar la llegada de Jorge G. Castañeda a la cartera de Relaciones Exteriores en el gabinete del señor Fox.

Los más picudos estrategas, pertenecientes a los círculos norteamericanos de poder, afines a quien será el nuevo presidente en tierras aztecas, se devanaron los sesos, estrujaron sus neuronas, decantaron su talento y, finalmente, dieron con la solución: el representante más reaccionario de la ultraderecha norteamericana y enemigo jurado de México, me refiero al senador Jasse Helms, declararía que Jorge G. Castañeda es un "comunista", indigno de ocupar la cancillería mexicana.

Con esa declaración se pretende dar carta de legitimidad política al intelectual mexicano, identificado desde hace años, como una persona que trabaja para los servicios de inteligencia estadounidenses. La consecuencia debería ser que los mexicanos, unidos todos contra lo que diga el poderoso presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del senado, Jesse Helms, terminemos por aceptar, de buen talante, la decisión ya tomada de nombrar a Castañeda secretario de Relaciones Exteriores. La mecánica, pensaron, es muy simple: si la ultraderecha norteamericana repudia a Castañeda, seguramente es por que es un hombre valioso y no uno de sus incondicionales. ¡Realmente la estrategia es una perla, engarzada en brillantes y en una montadura de oro de 24 quilates!

¿Cómo pudieron convencer al senador Helms de participar en este acto de legitimación de Castañeda? Pues con un argumento muy parecido a aquel que esgrimió en su momento el presidente Richard Nixon, cuando alguien le recriminaba que el gobierno de EE. UU. estaba apoyando al entonces presidente Anastasio Somoza, de quien le decían: "era un verdadero hijo de puta". Y la respuesta de Nixon no se hizo esperar: "sí, pero es
nuestro hijo de puta." 

A quienes nos preocupa el futuro del país y que, contra lo que pudiera pensarse, no somos pocos, vimos como una seria amenaza la posición de Castañeda sentado a la diestra del señor Fox desde la precampaña. Sabíamos de sus nexos con aquel famoso grupo de poder estadounidense que giraba en torno al ex secretario de la defensa de John F. Kennedy, me refiero a Robert McNamara, quien luego sería presidente del Banco Mundial, y pensamos que entregarle la cancillería mexicana, sería como poner la Iglesia en manos de Lutero.

Oportunamente hice la denuncia (ver
http://gerardoreyes.com/page68.html, del 15 de mayo) y cuál no sería mi sorpresa cuando, apenas unos días después, el periódico Reforma publicó una colaboración firmada

(Continúa en la página 375)