FOX; ¿LA DEMAGOGIA O LA JUSTICIA?
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 14-11-00)

Don Vicente Fox, como es su costumbre y sin detenerse a pensarlo un poco, abrió la boca y engulló de un bocado el exquisito producto del árbol de la sabiduría. Tragó con fruición aquella no tan pequeña manzana, dentro de la cual se encontraba un minúsculo cartucho de dinamita.

Esto es, Fox declaró que en los primeros cien días de su gobierno atacaría el cáncer de la corrupción que tiene enfermo desde hace décadas a la administración pública de México. Pero ese tan temerario compromiso podrá hacerle volar la cabeza al agresivo empresario hecho presidente, porque algunos de los que presumimos saber de estas cosas, seguramente recogeríamos el guante, para lanzar un reto.

Si realmente quiere don Vicente actuar ¿por qué no comenzar barriendo la casa desde arriba? ¿Qué le parecería empezar por investigar al presidente saliente Ernesto Zedillo?

Como todavía flamante licenciado en administración de empresas, a don Vicente no podría escapársele que en un mundo en proceso de globalización acelerado, el renglón financiero más apetecible y redituable es, con mucho, el de las comunicaciones. ¿Por qué don Vicente no le rasca un poco al turbio asunto de las concesiones satelitales? ¿a quién ordenó Zedillo que se las otorgaran y en que condiciones? o ¿acaso fue una auto concesión, camuflada? Claro que todo esto tendría que iniciarse antes de que el pájaro se lance al vuelo.

Ahora todavía e muy fácil rastrear las compañías constructoras de Rodolfo, el hermano incómodo del presidente Zedillo. ¿Cómo le metieron mano a la transnacional Tribasa y quiénes fueron los beneficiados? Apostamos a que allí también, el presidente electo se lleva otra sorpresa.

Está claro que para el presidente Zedillo las cosas no siempre fueron fáciles; de no haber sido por Córdoba Montoya él nunca hubiera llegado a presidente. ¿Qué papel jugó el ciudadano franco-español, nacionalizado mexicano, durante el zedillato? Las canas de quien pronto será otro ex presidente, están ahí en su cabeza, y no solamente se las debe a los desvelos para cuidar y tratar la dipsomanía de su esposa. También los asuntos de Estado y haber sentado las bases de la transición a la democracia desgastaron profundamente el físico de un bajacaliforniano renegado. Las contradicciones también están allí, en su trayectoria de poder y mando. En el trato con sus numerosos ex amigos, en los compromisos implícitos no cumplidos y, sobre todo en haber empollado el solo el huevo de la traición. ¡¿Cómo no va a estar desgastado?! El peso de la culpa, es enorme y puede pretender que engañó a noventa y

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