UN HOMBRE DE PODER Y EL FBI
Por Gerardo Reyes Gómez.

No está bien hablar mal de los muertos, es más, es mejor no hablar de ellos, sin embargo, en ocasiones se hace necesario citar alguna referencia. No hace mucho, en una charla con algunos bien informados amigos, salió a colación el nombre de don Fernando Gutiérrez Barrios, un hombre de poder, quien todavía estaba vivo y ocupaba un desairado escaño en el Senado.

Para qué decir que don Fernando no salió bien librado; a él se le identificaba como colaborador del FBI, desde los remotos tiempos en que se desempeñaba como alto funcionario en la Secretaría de Gobernación. En los círculos de poder político, los funcionarios más influyentes son frecuentemente coptados por los servicios de inteligencia extranjeros y, hasta donde entiendo, existe todo un proceso de seducción muy efectivo por parte de ese tipo de organismos, los que seleccionan a personas bien colocadas en la jerarquía de mando, por el manejo de  información confidencial.

Como sería obvio imaginar, en este tipo de casos, el dinero no es el principal incentivo, especialmente cuando en México existe la creencia de que nadie, por muy valioso que sea, puede descollar, si no cuenta con el apoyo de algún tipo de organización como a las que nos referimos. En la misma tesitura se encuentran algunos líderes de opinión trabajando para los medios de comunicación masiva y, lo más peligroso, algunos de nuestros más connotados intelectuales.

Hubo un tiempo en que a don Fernando se le consideró el hombre más informado de México. Antes de que los reportes diarios de la policía política de Gobernación llegara a las manos del presidente, don Fernando se privilegiaba de su lectura, contando con el poder de aplicar criterios de selección para decidir qué materiales deberían ser remitidos a Los Pinos y cuales no; como es lógico suponer, los servicios de inteligencia estadounidenses lo consideraron siempre un colaborador estratégico. Él lo sabía, pero no abusaba de su posición de influencia y solo ejercía ese poder en circunstancias muy especiales. Desconozco si alguna vez don Fernando entregó información a alguna agencia de inteligencia extranjera que pudiera haber puesto en peligro la soberanía o nuestra seguridad nacional, el hecho es que su colaboración siempre la consideraron de alto valor.

Es práctica común que el gobierno del imperio apoye sus decisiones en la información que captan sus agencias por toda la geografía del globo terráqueo. Solo así nos explicaríamos qué carambas tenían que hacer elementos del FBI en el Yemen, investigando el acto terrorista árabe-musulmán, cometido en contra del destructor norteamericano US Cole,

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