del matrimonio, a los cuales se les han conocido amantes, aventuras eróticas y famosos episodios sexuales. Incluso, en el caso de Clinton, existe la versión, no muy difundida por cierto, que el affaire con Monica Lewinsky no tuvo nada de romántico, sino que ella  se colocó debajo del escritorio del Salón Oval, obedeciendo instrucciones del famoso instituto israelita conocido como "El Mossad".

Así las cosas, a los votantes estadounidenses, en el fondo, les importa un bledo lo que hagan sus políticos, mientras no les mientan, los engañen o utilicen máscaras y si Al Gore no es capaz de comprender esto y quitarse la suya, lo cual sería un milagro, dentro de tres semanas estará políticamente muerto. 

Quizá ya es muy tarde para que Gore intente cambiar tácticas y estrategias de campaña, pero probablemente le haría falta que alguien le publicara una difusa fotografía en la cual estuviera acariciando con los pabellones de las orejas, la parte interna de los muslos de Deby Moore o cualquier otra de las beldades del momento. Eso lo hubiera hecho a Gore más humano; esto es, poder verlo con todas sus virtudes, pero también con todos sus defectos. Solamente con un acto político encaminado a subsanar esta situación el vicepresidente americano tendría la posibilidad de cambiar la historia.