AL GORE, EL SEXO Y LA CASA BLANCA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 24-10-00)


Odio momentos como este; cuando impelido por un impulso vital, no exento de una chispa autodestructiva, me brota de lo profundo el instinto del jugador, para arriesgar mi credibilidad en una apuesta lanzada a mis dos o tres lectores: George Bush, el todavía gobernador de Texas, será el próximo presidente de EE. UU. si Al Gore no logra despertar.

Cualquier lector puede recoger el guante de esa apuesta  y cruzarme el rostro, si a mi arrogancia lo considera afrenta. Pero con todo el respeto que me merecen los lectores tendré que acudir a mis razones porque, válidas o no, indudablemente existen.

Al Gore, quien evidentemente posee una fuerte personalidad, mucha mayor presencia que la de Bush, además de una sólida formación política y gran capacidad de trabajo, tiene, entre los componentes de su carácter, un elemento negativo y muy bien definido: un pesado dejo de soberbia, producto de saberse mejor informado y de ser capaz de alcanzar mayor profundidad en sus análisis de la realidad. Aunado a lo anterior, Gore cuenta con un cuadro hogareño inmaculado, sus relaciones con los miembros de su familia podrían servir de ejemplo para lo mejor del "American Way of Life", y aunque la modestia no es una de sus virtudes, ese no sería un impedimento para poder franquear las puertas de la Casa Blanca. Pero, y aquí el pero de siempre...

Max Weber, en la temática del carisma, siempre ha tenido razón. Al Gore es incapaz de emitir un sentimiento genuino y profundo de simpatía, como lo hace "Georgy Jr.", el de papá CIA. Mientras a Gore se le percibe una máscara con la cual disfraza sus inseguridades, y enfrenta a sus interlocutores, a Bush se le nota auténtico, hasta en sus errores, que no son pocos. Esta actitud espontánea siempre le ha caído bien a los estadounidenses. Los personajes reales, no ficticios, que se aproximen más a la personalidad media de los votantes, son los preferidos por las mayorías. A lo anterior agreguemos que cuando Al Gore relata sus éxitos en el deporte de la pesca y afirma que pescó una trucha que no cabía  en la sartén, en realidad puede tratarse de una sardina despistada, que picó el anzuelo por accidente. Esto es, la tendencia de Gore a las exageraciones lo pierde.

Por si lo anterior no fuera suficiente, recordemos que el famoso puritanismo de la sociedad estadounidense es más falso que una moneda de oro de tres dólares. Desde que Bill Clinton le recordara al mundo que la Presidencia de EE. UU. es una institución fálica, la cual por lo menos en ocho ocasiones ha sido ocupada por presidentes que han engañado a sus consortes, donde algunos de ellos han llegado a tener hijos fuera

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