UN EXPEDIENTE CONTRA EL RECTOR DE LA UNAM
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 17-10-00)

Esta es una historia basada en uno de los expedientes secretos del próximo sexenio, nada tiene que ver con la especulación, o con los buenos o malos deseos.

El problema que nos ocupa atañe a la educación superior nacional y comenzó a generarse durante la última parte de la administración de Carlos Salinas de Gortari. Entonces el señor Fausto Alzati, fungía como director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología e intentaba poner en práctica sus propias políticas pero, a su decir, aquello era un nido de ilegítimos intereses de grupo, el cual dictaba las directrices de la academia y la investigación de todo el país.

Para su sorpresa Alzati se encontró que él tenía poco que decidir, porque el dominio hegemónico en el seno del Conacyt estaba en manos de un poderoso grupo de médicos, encabezado por el doctor Guillermo Soberón Acevedo. Sin embargo, dentro de ese mismo grupo ya descollaba, abriéndose espacios, el grupo emergente del doctor Juan Ramón de la Fuente. Entre estas dos formidables fuerzas políticas determinaban el destino del 70% de las becas del Conacyt y las políticas generales para designar los miembros del Sistema Nacional de Investigadores. Alzati se sentía desplazado y arrinconado. Ahí comenzó un enfrentamiento que culminaría con un dramático acto político.

Al principio del sexenio de Ernesto Zedillo fueron nombrados, entre otros, Fausto Alzati, como titular de Educación Pública y el doctor De la Fuente, como secretario de Salud. Sin embargo, la animadversión entre Alzati y el grupo de los médicos arreciaba y entró en conflicto abierto cuando el secretario de la SEP quiso imponer sus propios puntos de vista sobre la educación. En ese momento el ex rector Soberón denunció públicamente que Alzati no contaba con los mínimos académicos para ejercer el puesto de secretario, dado que ni siquiera estaba titulado. En la denuncia estaba implícita una terrible amenaza: como director del Conacyt, Alzati había firmado documentos como doctor, lo cual de acuerdo a nuestra legislación vigente constituye un delito.

En cuestión de un par de semanas, y estando fresco el problema de "los errores de diciembre", todo aquello hizo crisis y Ernesto Zedillo se vio en la necesidad de deshacerse de Alzati. Este renunció, y ante el brutal desprestigio y la persecución de que fue objeto perdió hasta su patrimonio, un restaurante que había sido de su familia desde tiempo atrás. Destrozado emocionalmente se replegó y sin embargo, decidió titularse a la brevedad posible. Se fue a Guanajuato y utilizando la ayuda del secretario de Educación del Estado, pudo entrar en contacto con el gobernador Vicente Fox Quezada, quien escuchó su historia y deci

(Continúa en la página 319)