LA ALTA POLÍTICA Y LOS EX PRESIDENTES
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 11-10-00)


Como en las viejas catedrales góticas del mundo, los símbolos de los textos apocalípticos, así como la historia previa de la cultura, están plasmadas en los mármoles y la cantera que les da forma y las decoran, así los símbolos de la política están a la vista, en las conductas, las alianzas y las actitudes de los hombres del poder. Sin embargo, en ambos casos se debe saber leerlas, poseer la llave para descifrar los mensajes de los iniciados.

El arribo de Vicente Fox al Poder Ejecutivo, no fue un hecho fortuito y mucho menos improvisado. Fue la culminación de factores externos e internos, que habían evolucionando desde hacía casi cuatro sexenios. Primero fueron rotos los acuerdos secretos de la familia revolucionaria y le tocó a Guillermo López Portillo doblegarse a la influencia extranjera en la selección de su sucesor; no le correspondía a Miguel de la Madrid  llegar a Los Pinos.

Ya hechos pedazos los pactos históricos, en el siguiente sexenio se dio un intento muy serio para recomponer las cosas y, por segunda ocasión, la nominación de Carlos Salinas como heredero de Los Pinos, fue una imposición que ahondó más profundamente las diferencias entre los jefes de las facciones políticas, hasta que al final de ese periodo hicieron crisis los antagonismos y condujeron a la ejecución de Luis Donaldo Colosio.

Considero importante haber hecho las acotaciones anteriores porque, lo que hoy está viviendo la política nacional es producto de una dinámica que tiene sus orígenes en la guerra, más o menos encubierta, entre los jefes de facción de la política nacional. Por ello afirmo que el fenómeno Fox no es solamente producto de la coyuntura. El PAN no se ganó el poder, aunque en un principio, deslumbrado por las apariencias, ese partido haya pensado lo contrario. Y, sobre todo, el gran perdedor no fue Francisco Labastida Ochoa, sino el jefe de su facción, me refiero a Miguel de la Madrid.

Dicen algunos prestigiados politólogos que un presidente realmente comienza a mandar, cuando se convierte en ex presidente. Antes, su misma condición de mandatario, lo coloca en medio de arbitrajes peligrosos lo cual, hasta cierto punto, le ata las manos. Pero ya libre de esa condición, un ex presidente esta libre para recomponer sus fuerzas y perseguir sus objetivos. Desde luego que hay excepciones para confirmar la regla pero, en términos generales, México vive ahora el momento más cruento de una guerra entre ex presidentes, y de esa lucha depende en gran medida el futuro del país.

(Continúa en la página 302)