ELCHANTAJE
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 03-10-00)

Inmaculada y pura, con esa sonrisa angelical dibujada en el rostro de rasgos entre mayas y lacandones, doña Elba Esther Gordillo, la indiscutible líder moral del magisterio nacional, ha tejido, como esa pequeña araña negra que tiene una manchita roja en el vientre, un capullo de resistente tela, en torno a Rafael Rangel, el prospecto del presidente electo Vicente Fox, para encabezar la Secretaría de Educación Pública.

La maestra Gordillo, que por momentos parece opacar con su bondad los mejores destellos de la extinta Madre Teresa, ha hecho hasta lo imposible para convencer al equipo de transición de Vicente Fox, que en la SEP no funcionará un tecnócrata proveniente del sistema de educación privada. Piensa que ahí solo podría funcionar una persona con una fina sensibilidad política como la que ella, modestamente, posee.

Ella, la líder más poderosa que ha conocido nuestro país en su historia, estaría dispuesta a sacrificarse por amor a México, aceptando la cartera de Educación. Ofrece, de entrada, el control total corporativo del sindicato más grande de América Latina, lo cual se dice fácil, pero tomó años de constantes sacrificios construir. Es cierto que sus malosos detractores juran que ella todo se lo debe al señor de Dublín, quien en uno de sus numerosos
lapsus corruptus, a principios de su sexenio, mandó llamar a Los Pinos al ex líder Carlos Jonguitud Barrios, le leyó la cartilla de lo que le había pasado a Joaquín Hernández Galicia, el ex líder de los petroleros, y ahí se dio la histórica respuesta de Jonguitud: "no, señor presidente, yo con un par de cachetadas tengo". Después de eso, por la noche, fue localizada la señora Gordillo y llevada al despacho de don Fernando Gutiérrez Barrios, a la sazón secretario de Gobernación, y ahí sin grandes fanfarrias fue nominada doña Elba Esther, líder del SNTE.

Hoy, que ha corrido agua bajo el puente y la oposición se hizo gobierno, se presenta una coyuntura ideal para la primera mártir del magisterio y, con una asombrosa sinceridad, como es propio de las almas puras, le plantea una disyuntiva al equipo de Fox: o aceptan en la SEP una digna representante de la belleza lacandona, o se exponen a las consecuencias; el primer conflicto magisterial de dimensiones nacionales del próximo sexenio.

Fox, entre la espada y la pared, conoce las consecuencias de una tan terrible amenaza y tiene solo dos opciones: o se doblega, también por amor a México, o toma al toro por los cuernos y le suelta un mandarriazo que convierta esa santa mujer en la primera exiliada del sexenio, enviándola como agregada cultural a la Embajada de México en Uganda. Todo tiene su precio.