FOX; UN DEFICIENTE COMUNICADOR
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 27-09-00)

Si don Vicente Fox fuera un deportista con sentido del humor, ya debería estar inscrito en el equipo olímpico mexicano, para representar al deporte "necional" y competir en algunas justas de película, como por ejemplo: el hacer afirmaciones, y luego contradecirse. Seguro que le otorgarían una de las medallas de oro que tanto ansía el presidente Zedillo y seguro que al presidente electo no habría quien lo descalificara, ni siquiera por andar siempre flotando.

Por lo pronto, y a falta de ese ansiado viaje a Sydney Australia, don Vicente anda en busca de una hazaña y vaya que la necesita: la de poder conectar con más frecuencia la lengua al cerebro. Cuando raramente logra realizar la hazaña, su discurso es contundente y hasta brillante, pero aquí entre nos, el próximo huésped de Los Pinos está cometiendo un pecado político de incalculables consecuencias: se ha ganado la antipatía de la mayoría de los comunicadores y de los medios y esto no tiene que ver con la democracia, sino con la estupidez.

Qué pronto se le olvidó al presidente Fox que si bien él llegó al poder gracias a un proyecto transnacional, en ese proyecto colaboraron algunos medios y comunicadores muy bien pagados que, hartos de tanta corrupción priísta y, en el juego de los intereses de grupo, le apoyaron para tratar de hacer más aceptables sus mensajes.

Hoy por hoy, don Vicente desdeña, incomoda, discrimina y a veces hasta insulta a quienes tienen la obligación de informar de las actividades presidenciales. Es cierto que él no posee la menor experiencia en el ejercicio político presidencial, pero es la actitud la que no le perdonan. Se está ganando a pulso toda la mala leche de la prensa y  veces hasta parece no importarle.

Un viejo principio político dicta: "la Reina no solamente tiene que ser decente sino, también, parecerlo". Sin embargo, la imagen pública de una reina, como la de un presidente se construye con base a las mejores características del personaje, pero también se modela, pule, modula, matiza y, hasta como si fuera un objeto, se le aplica una cierta textura que debe resultar agradable. De otra manera, si los rechazos exceden a las aceptaciones, entonces sobreviene la repulsa generalizada y, créanme, a nadie le resulta fácil gobernar si no cuenta con un mínimo de respeto. Estudien el escarnio de que, canallescamente, fue objeto don Francisco I. Madero durante los últimos meses de su vida, o lo que le está pasando a Ernesto Zedillo en los últimos meses de su mandato ,quien, cada vez más menospreciado, se ve rechazado hasta por sus amigos. Y eso que Zedillo, desde su propia perspectiva, es el hombre triunfador que logró importar la democracia y, además, consiguió con

(Continúa en la página 266)