LA MUERTE DEL PRIMER TECNÓCRATA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 13-09-00)

Ernesto Zedillo cumplía sus deberes, representando a México en la Cumbre del Milenio en Nueva York, cuando fue avisado de la primera baja de su pequeño, pero influyente ejército de tecnócratas. Uno de sus "generales brigadieres", ex compañero en el Banco de México, fue suicidado en una paraje boscoso exhalando el último suspiro con olor a pinos.

El asunto no es menor, si pensamos que el 90% de los mexicanos no cree que el de Raúl Ramos Tercero fuera realmente un suicidio, aunque oficialmente lo sea. En menos de tres meses el modus operandi para desaparecer funcionarios conectados con responsabilidades propicias a la alta corrupción fue utilizado nuevamente. Y en este caso como en el del ex secretario del Transporte del D. F. Luis Miguel Moreno y el del ex oficial mayor de la PGR, Juan Manuel Izábal, los presuntos responsables firmaron con detalles de sospechosa incongruencia un operativo que huele a decisión de algún círculo de poder del Estado. El mensaje que se puede decantar de la trágica muerte del funcionarios es el siguiente: "¿quieren sangre? pues aquí la tienen, y a raudales".

Solamente que el funcionario tecnócrata egresado de la Universidad de Stanford, no tenía, que se le hubiera conocido, ningún antepasado japonés, ni tampoco, en su basta cultura, signo alguno de que admirara los métodos de autoinmolación orientales, como el hara-kiri. Cualquier experto en psicología de la violencia, o criminología, podría explicar que debe existir congruencia entre la educación, la cultura y el método utilizado para quitarse la vida.

Si alguien decide, como lo hizo Luis Miguel Moreno, el ex secretario del Transporte darse dos tiros en el corazón (pudiendo haberse dado tres o cuatro) pues esa fue "su decisión" y en México estamos más o menos familiarizados con las armas de fuego; pero sucede que en el segundo suicidio famoso del sexenio zedillista, también fue utilizada una arma de fuego; entonces había que variar el método. Y una forma original de suicido para un funcionario, bien podría ser cortándose las venas: las de las muñecas, la femoral, la yugular la carótida y cualquier otra que se encontrase en su camino. Genial ¿no? porque finalmente terminó tasajeándose como para hacer cecina.

En realidad todo lo descrito pronto pasará a ser parte del folklore criminológico de la política mexicana. Lo grave es que la muerte de Ramos Tercero, no será la última del accidentado fin de sexenio zedillista.

El asunto del Renave llegó a las primeras páginas del periódico Reforma, como una filtración de información, de la que no fue ajeno el Depar

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