ZEDILLO; EL DEMOCRATIZADOR DE AMERICA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 30-08-00)


Dentro de algo más de 24 horas el presidente mexicano, Ernesto Zedillo, encarará a la nación en su sexto y último Informe de Gobierno. Don Ernesto ya siente muy cercanas las pisadas de los cazadores de animal grande; todavía no lo invade el terror pero, como a estas alturas del sexenio ya se sabe presa fácil, comenzó a moverse con sigilo.

Don Ernesto primero escuchó moverse algo extraño en la espesura de Los Pinos, y aún no estaba suficientemente preparado, cuando escuchó el primer disparo; Liébano, su fiel secretario, le dio la infausta noticia: la Suprema Corte de Justicia de la Nación le otorgaba treinta días de plazo para presentar, en su calidad de Jefe del Poder Ejecutivo e indiciado en una querella originada en el Congreso de la Unión, la información sobre los benefactores de los préstamos del Fobaproa y del  Banco Unión, el mayor fraude de los gobiernos priístas en la historia. Zedillo, en un acto reflejo, producto de su instinto de conservación, con la velocidad del rayo se agachó. Y, por si las dudas, ordenó a su escudero de Hacienda, Gurría, que preparara y entregara la información demandada por el Congreso, pero cuidando el calendario, ya que en escasos tres meses entregará la estafeta a su relevo y ahora el manejo de los tiempos se ha vuelto vital.

Todavía no lograba Zedillo reponerse de la sorpresa, cuando desde la bella ciudad de Zacatecas, Ricardo Monreal, aquel priísta desdeñado y golpeado por la Presidencia que pretendió ser gobernador por su partido, y se vio obligado a serlo por el PRD, lanzó un disparo dirigido al corazón del mandatario. El gobernador Zacatecano organizó una marcha caminera hacia la Ciudad de México, para protestar por incumplimiento de palabra, de acuerdos y de ejercicio de gasto presupuestal: los timaron dejando a medias el proyecto carretero de su Estado. Decimos que el disparo estaba dirigido a la víscera cardiaca del presidente saliente, porque Zedillo ya se regodeaba con la idea de cubrirse de gloria en el Informe Presidencial, vistiéndose con el ropaje del democratizador de América y, al ritmo de los himnos y fanfarrias recibir, por aclamación, el agradecimiento de un pueblo miserable que no se merece a tan distinguido como justiciero presidente.

En esas estaba Zedillo, que ya no veía lo duro, sino lo tupido, cuando se dejó escuchar el tercer disparo de los cazadores furtivos, esta vez dirigido a la cabeza. Como una granada, oculta en un huevo tibio de tres minutos servido a la hora del desayuno, le estalló en la cara al presidente el pestilente asunto del Renave, el Registro Nacional de Vehículos; ese sucio negocio de último minuto de sexenio, dirigido a esquilmar a los propietarios de automotores.

A Herminio Blanco, otro de los fieles escuderos de Zedillo, y por alguna extraña razón, apodado "Mr. Exterminio Gray", se le cayó un negocio encaminado a la captación de 1,400 millones de pesos, para ser repartidos entre un grupúsculo de funcionarios salientes y sus socios de una empresa privada, dirigida por un maleante internacional de apellido Cavallo.

En realidad el proyecto del Renave, ya había muerto semanas antes, enfermo de impopularidad y de rechazo ciudadano, pero el secretario de Comercio, dándole a Cavallo respiración boca a boca, intentó convalidar, con la asistencia de un viejo hampón, Arsenio Farell Cubillas, secretario de la Contraloría, el jugoso negocio de despedida de un equipo profundamente agradecido a su "manager" y presidente. Un equipo del periódico Reforma, en alguna ocasión privilegiado con misivas de don Ernesto, destapó la otra cloaca de Los Pinos.

Por si lo anterior fuera poco, el día del Informe habrá más sorpresas. Los cazadores afinan la puntería y ya tienen en la mira a alguien que, consideran, no se les irá vivo. El "Democratizador de América" (desde antes y después de Juárez) tiene razones para estar realmente preocupado, sin tomar en cuenta que todavía faltan tres largos meses para su escapada.