LOS HERMANOS DEL MISMO DOLOR
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 15-08-00)


Había una vez un presidente y un gobernador que tenían varias cosas en común: ser varones, mexicanos, católicos y políticos, pero aquello que podría llamarse el denominador más fuerte, curiosamente no tenía nada que ver con lo descrito; eran hermanos del mismo dolor, porque ambos, en tiempos y lugares distintos,  habían sorprendido a su pareja en plena infidelidad.

Otra cosa en común, aparte de usar bigote, fue que ni el presidente ni el gobernador perdonaron a sus respectivas consortes, antes bien uno de ellos se volvió a casar con una rica heredera del giro negro más lucrativo de la historia y se apoyó en esas relaciones de poder, para llegar muy cerca de la cima de su partido. Derrochó recursos a manos llenas, como si la cueva de Alí Babá, con su respectivo "ábrete Sésamo", estuviera escriturada sólo para su personal beneficio.

Pero sucede que en los avatares de la vida, uno de nuestros personajes se volvió exitoso, hizo alianzas hasta con el Diablo, solo que su fe le impide reconocerlas públicamente, y ello le permitió escalar como un relámpago los pinares más altos del Himalaya político. Los modositos miembros de su partido nunca se olieron la jugada y poco, o casi nada, les debe por haber escalado con sus amigos, cada peldaño del edificio del poder. Más que a la virgencita de Guadalupe, el éxito indudablemente se lo debe a su manager: el de la divina chispa de la vida.

El otro, el "tropicano gober", el que casó para heredar, ya va de bajada. Todavía ejerce el sacrosanto derecho al pataleo, pero  la mayor parte de sus amigos ya le hacen el feo; saben que él  representa la parte obscura del sistema y que lo abandonó, la fuerza. Solo un nuevo milagro de resucitación de su senecto mentor, lograría llevarle un hálito de vida.

Sin embargo, aquel al que pronto se le conocerá con el mote de: "el Preciso" , no ha puesto en orden aún su vida sentimental, antes bien, la trae medio batida, porque dicen que, aunque tiene muy ocupada a la dama a la que obligó a divorciarse, pues simplemente, no le cumple. pero todos sabemos que un hombre, que se diga hombre, requiere algo más que santiguarse para canalizar su energía vital. Ahora que, un día de estos, el susodicho puede salirnos rezando, con aquella dama al lado, un Yo Pecador.

Ante tan terrible embrollo y falta de definición, alguien a quien apodan "Perfidio" ya mandó, por si acaso, a los head hunters su solicitud para la Dirección General del DIF. Éste sí que sabrá aprovecharse de los hermanos del mismo coraje.