FOX, EL ESTADISTA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 08-14-00)


Un mexicano común y corriente, y probablemente más corriente que común que visitara Santiago de Chile, podría darse el lujo de hacer brotar de su ronco pecho todo lo que piensa del general Pinochet y su voluminoso expediente de crímenes; pero no así un mexicano que pronto será jefe del Estado.

La sociedad chilena se encuentra profundamente dividida por el reciente fallo de la autoridad judicial para desaforar al senador y ex dictador militar, que nunca en vida podrá ser sentenciado por sus crímenes de lesa patria, debido a una muy sencilla razón:  casi la mitad de la población se hizo cómplice de los brutales excesos del gorila militar. Y justo en ese momento fue cuando llegó Vicente Fox a Santiago, el hombre cuya posición ideológica marca un bien claro corrimiento hacia la derecha, y se pronunció partidario de la sentencia condenatoria. Claro que en Fox hay razón y hay justicia, pero la diplomacia la dejó colgada en el perchero, cuando salió de su casa.

Conocer un poco de historia le hubiera sido a Fox de gran utilidad. Dentro de los principios que durante tantos años defendió México con vehemencia estaba el de no intervención, y las declaraciones que ofenden a la mitad de la sociedad de un país, insisto, por más que se tenga razón, han sido interpretadas por buena parte de los chilenos, como una intromisión en los asuntos internos de la política de su país. La solidaridad de don Vicente con el acta judicial de desafuero de Pinochet la hizo en su calidad de presidente electo de los mexicanos, no en el carácter de ciudadano común. Si bien la declaración de Fox fue una declaración indudablemente valiente, ésta no fue producto de la reflexión y a partir de ese momento los mexicanos podemos ser víctimas de las declaraciones de los funcionarios chilenos, opinando sobre nuestras cuestiones políticas internas.

Fox llevó, como su asesor estrella en ese viaje, a la persona que le fue designada, más allá del Río Bravo, como el nuevo señor de Tlaltelolco; esto es, aquel que será el primer canciller del sexenio: Jorge G. Castañeda y, en el asunto de Chile, a Fox ese asesor le valió para una pura y dos con sal.