¿SABOTAJE EN EL CONCORD?
Por Gerardo Reyes Gómez. (AOL 28-06-00)


Hace unos días, aquel agente de los servicios de inteligencia franceses operando en México me preguntó mi opinión  sobre el avión Concord que cayó a tierra, cuando  apenas había despegado del aeropuerto Charles de Gaulle, a principios de la semana anterior. No había terminado de escuchar mi contestación cuando, sorprendido, abrió desmesuradamente los ojos; al preguntarle yo si se había  investigado suficientemente la posibilidad de un sabotaje.

Aquel hombre me miró como si hubiera dicho una blasfemia y juraba y perjuraba que no existía la menor posibilidad de que un atentado terrorista hubiera causado la muerte de más de un centenar de personas inocentes.

Antes de continuar debo hacer un paréntesis para explicar que nuestro país ha sido una especie de santuario de espías internacionales, desde que  a principios del Siglo XIX recibiéramos la primer visita de un famoso agente  estadounidense, que luego sería embajador de EE. UU. en México, me refiero a Mr. Joel Roberts Poinsett (1779-1851). Desde entonces, y sobre todo en épocas más recientes,  aquí se han dado cita los agentes de inteligencia más renombrados de la CIA, la KGB, el Mossad, los franceses, alemanes, japoneses, cubanos y, desde luego, los provenientes del Estado del Vaticano. También es práctica común que muchos de esos espías establezcan relaciones con los periodistas que juzgan bien informados, para tratar de llevar a cabo sus tareas de investigación sobre quién, qué, cómo dónde y cuándo, estableciéndose en ese tipo de relaciones un intercambio de información de la que muchos se han beneficiado.

Regresando al tema que hoy nos ocupa, aquel agente francés trató de explicarme con todo lujo de detalles por qué el accidente del Concord no podía deberse a un sabotaje, ya que tal accidente, según él,  se había producido por una falla mecánica, y la prueba era que la aeronave había estado durante poco más de media hora en la plataforma de salida, esperando una refacción para el motor que finalmente terminaría por estallar en llamas. Después el agente terminó por confesar que había algo muy raro en el accidente porque el capitán quizá debió cancelar la salida de ese aparato y, sin embargo, no lo hizo.

A lo anterior agregué que, coincidentemente,  justo tres días antes de accidente yo había leído una nota que daba cuenta de una muy seria falla de fatiga de metal en los aparatos Concord, aviones supersónicos que fueron  un proyecto de fabricación binacional entre Francia y el Reino Unido, y que ese tipo de coincidencias despertaban mis sospechas.

Además de lo anterior, añadí que en estos momentos se está llevando a cabo una investigación, ordenada por el Parlamento Europeo, para determinar si el sistema satelital de espionaje electrónico, denominado "Equelon", no ha sido usado por los EE. UU. para detectar información privilegiada de las empresas privadas de la Unión Europea, ya que existen serios indicios de que la empresa estadounidense Boeing, fabricante de aviones y principal competidora de los fabricantes del Concord, se hallaba en posesión de información que podría hacer peligrar el nuevo proyecto franco-inglés para iniciar la fabricación de aviones subsónicos, pero de enorme capacidad de pasajeros. Esta es otra rara coincidencia, que hacía difícil de tragar la explicación oficial de un accidente en el Concord que se desplomó sobre un pequeño hotel aledaño al aeropuerto internacional Charles Degaulle.

Las últimas investigaciones oficiales por parte de las autoridades francesas han puesto de manifiesto que el tren de aterrizaje del Concord "accidentado" no funcionaba en forma adecuada y que se habían encontrado pedazos de neumático sobre la pista de despegue, por lo que una rara coincidencia adicional venía a complicar aún más las cosas.

Después de haber razonado sobre el asunto, la conclusión implícita a la que nuestra charla nos llevó fue que existía una duda razonable, como para no poder afirmar tajantemente, que el famoso Concord  había sufrido un accidente.