LA DIVISIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 01-08-00)

Un prelado mexicano jalisiense me recordaba hace unos días aquel chascarrilo sobre los argentinos, a propósito de la nacionalidad del nuncio apostólico Leonardo Sandri. Un amigo le pregunta a otro ¿ya sabes porque a los ataúdes que hacen en Argentina les hacen hoyos? Y al contestarle el amigo, que no lo sabía, replicaba: pues para que los gusanos puedan salir a vomitar.

Esto viene a cuento porque en la reciente multipublicitada reunión para dar a conocer las conclusiones de la Procuraduría General de la República, relacionadas con la ejecución del cardenal Jesús Posadas Ocampo, el cardenal Juan Sandoval Iñiguez nunca ha aceptado la versión inventada por Jorge Carpizo, que le atribuía el atentado a la confusión. Esto es, que en un enfrentamiento entre bandas de narcotraficantes los sicarios habían confundido al cardenal Posadas con el "Chapo" Guzmán.

Otro cardenal, nada menos que Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, hizo causa común con Sandoval Iñiguez y no aceptó la hipótesis de la confusión, mostrándose partidario de la teoría del complot. Esto ha dividido al cuerpo cardenalicio mexicano: dos de los cuatro, están por el complot y el resto por la explicación de la confusión. Pero entonces llegó el llamado conciliador de don Leonardo Sandri y, como por arte magia, a don Norberto Rivera le temblaron las corvas.

Pocos entienden que en este momento el Vaticano se encuentra en franco proceso de sucesión. El papa ya no ejerce soberanía alguna sobre sus decisiones políticas. El mando eclesial de Roma lo ejerce desde hace tiempo una especie de camarilla formada por dos formidables fuerzas: la de los miembros numerarios del Opus Dei, y la de la vieja masonería de la curia romana. Aunque a don Leonardo Sandri se le ubica dentro de ésta última, él llegó a México con la encomienda de poner en paz a la iglesia mexicana y terminar con la división que tanto fomentó su antecesor Girolamo Prigione.

Así se entiende la actitud del cardenal Rivera, un personaje considerado "papabile" que, aunque afirme que no, se la está jugando en serio por obtener para sí, el humo blanco de la Capilla Sixtina.

En cambio, el cardenal Sandoval Iñiguez se ha convertido en el fiscal de hierro del proceso de investigación de la muerte del cardenal Posadas y no da ni pide cuartel, sin embargo, para que pudiera tener éxito su inquisitoria, debería contar con autoridad suficiente para citar a declarar a un ex fiscal de hierro de otras épocas, me refiero a Javier Coello Trejo, porque él si sabe quién y cómo mataron al cardenal. En cambio don Leonardo vino a México a hacer política, no a buscar la verdad.