LA CRISIS DE SEGURIDAD NACIONAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 11-07-00)


Las estructuras de Seguridad Nacional en México atraviesan por su primera crisis del Siglo XXI. Mientras el país entró en un proceso de transformación de su sistema político que cimbrará hasta los cimientos la forma de ejercer el poder político, los servicios de inteligencia nacionales fueron incapaces de detectar el secreto mejor guardado del presidente Ernesto Zedillo: la designación de Fox como su sucesor.

Alguien podría objetar que, por el contrario, la Sección Segunda del Ejército Mexicano (inteligencia militar) los servicios de especiales de la Marina, y los del propio CISEN, lograron guardar celosamente el secreto del jefe del Ejecutivo, ya que no se presentó filtración alguna de la información, previo al 2 de julio, día de las elecciones federales. Sin embargo, a este argumento antepondríamos el siguiente: el poder del Estado, como sucede en EE. UU., no recae solamente en el presidente de la República, ni en el grupo de los ex mandatarios. Si el Congreso de la Unión, y el Poder Judicial no fueron informados por los servicios de inteligencia del Gobierno de un dramático cambio de rumbo que sufriría la nave del Estado, entonces estas instituciones bien podrían plantear la procedencia de un juicio político contra el presidente Zedillo.

Lo que ningún mexicano con más de dos dedos de frente se traga es que los servicios de inteligencia mexicanos, por más que hayan estado buscando afanosamente el premio a la estupidez, hubieran pasado por alto el encuentro de Vicente Fox con cinco generales en activo del Ejército Mexicano. El general Enrique Cervantes Aguirre formó la comisión de cinco generales bajo el mando del general Riviello Bazán, el ex secretario de la Sedena para, con la aprobación del presidente Zedillo, hablar con el candidato panista y explicarle como deberían ser las cosas. Ya para entonces Vicente Fox había prometido algunas barbaridades, como por ejemplo: que el nuevo secretario de la Defensa sería un civil. En esa reunión con los comisionados de la Sedena, a Fox le fue aclararon al  panista que el general secretario sería, como siempre, seleccionado por el presidente de la República de entre los miembros de una terna presentada por los altos mandos militares. Fox entendió el mensaje que le garantizaba la lealtad de las fuerzas castrenses y, apenas ganó la elección presidencial, el virtual presidente reculó y declaró que el titular de la Sedena sería un militar. Esto sí lo tuvieron bien guardado los servicios de inteligencia nacionales, pero ello no los exime de la responsabilidad ante el Congreso.

Si a lo anterior aunamos que un diario capitalino de circulación nacional (me refiero a El Universal) en el cual escribe un conocido agente perteneciente a servicios de inteligencia estadounidenses, publicó la mañana del día 2 de julio las cifras de los votos con las que ganaría esa noche Vicente Fox Quezada, entonces, no hay vuelta de hoja, mientras aquí nos hacíamos tontos solos, los servicios de inteligencia extranjeros ya sabían cuales serían los resultados de los comicios. Por ello me pregunto ¿están o no en crisis los aparatos de seguridad del Estado, sea por ineficiencia, por deslealtad o por traición? ¿Cómo podría Vicente Fox, con su concepto de calidad total, confiar en ellos?