EL PROTECTOR DE GUILLERMO ORTIZ
Por Gerardo Reyes Gómez. (26-05-00)

Don Memo, hace tanto que no me acordaba de usted que ya olvidaba que por su área vendrá el más duro de los próximos golpes económicos para los mexicanos. Claro que eso se presentará  en ese letal periodo situado entre que ya tenemos presidente electo y la toma de posesión del próximo Gabinete presidencial.

No hay para donde hacerse, don Memo, pero a usted, como gobernador "autónomo" del Banco de México, le tocó en suerte pagar los platos rotos del adalid titular del neolibralismo globalista mexicano. Claro que me refiero a su presunto muy querido y protector en jefe Ernesto Zedillo, quien, dígase lo que se diga, logró cubrirlo de impunidad hasta el último minuto de su mandato. Las cuentas pendientes del no tan viejo Fobaproa, y la debacle de la cartera vencida de la banca que usted en lo personal debe, nunca las ha saldado, pero si hay un mínimo de justicia en este mundo, de que la paga, la paga.

Para comenzar, habría que hacer una aclaración fundamental. El verdadero protector de su carrera política y quien, de alguna forma, le había prometido a usted la Presidencia de la República, no es como muchos suponen el señor de Los Pinos, sino el tenebroso personaje que tras bambalinas ha dirigido la economía de nuestro país, desde el advenimiento de la administración Salinas; me refiero a José Córdoba Montoya. Zedillo nunca tuvo la fuerza política y los tamaños para deshacerse de ese maléfico espectro de un importante grupo de poder mundial.

Como para restregarles sobre el rostro a los políticos mexicanos su falta de orgullo y decisión, el franco-español Joseph Marié Córdoba ahora despacha en ese nido de traición en que esta convertida ahora la otrora mexicanísima Pemex.

Córdoba domina el panorama nacional desde la Torre que nos heredara Jorge Díaz Serrano, la misma que ahora formalmente esta siendo dirigida por uno de los hermanos ideológicos y, porqué no decirlo, cómplices del perverso de Dublín, Carlos Salinas. El ex mandatario a quien por cierto y para que en el exilio se pudiera sentir a sus anchas, le fue nombrado un secretario particular de su entera confianza mismo que atiende los asuntos privados del ex presidente Salinas y que lleva por apellidos Oñate Laborde, quien, para deshonra de nuestras relaciones exteriores, cobra en otra Torre: la de Tlaltelolco.

Acaso ya se le olvidó, don Memo, cuando después de la Decimocuarta Asamblea Nacional del PRI, usted le mentó la madre a Oñate por haber

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