LA TRAICIÓN DE LOS PINOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (20-05-00)


Hay indicios, más o menos claros, de que el titular de la Presidencia en México tiene su propio caballo negro para sustituirlo en Los Pinos. Lo sorpresivo del asunto es que ese candidato si bien implica un salto a la democracia, también puede interpretarse como una traición.

Antes de entrar en materia sería necesario aclarar que el presidente Ernesto Zedillo, como el resto de los mortales, es producto de su formación psicológica adquirida durante su infancia, y esa especial particularidad influye en las decisiones que afectan a millones de mexicanos. El mandatario actúa como si en el fondo rechazara la imposición y a la autoridad. Como el hijo que desprecia al padre que, por especiales circunstancias, no tuvo, aunque en el marco familiar el hueco hubiera sido llenado por otra figura. Eso siempre lo hizo potencialmente peligroso.

Todo indica que si el doctor Zedillo no hubiera apoyado subrepticiamente la campaña de Vicente Fox, este no hubiera alcanzado las actuales  dimensiones y representar una verdadera amenaza para el sistema político tradicional. Si Zedillo no tiene amigos, tampoco tiene grandes lealtades y él en lo personal ya se había sentido profundamente agredido por el partido oficial, cuando le impusieron los candados electorales a los hombres que hubieran podido impulsar su proyecto. El viejo PRI no le dio oportunidad de hacer libremente su juego. Entonces decidió vengarse y, al mismo tiempo, pasar a la historia como el hombre que sin violencias entregó el poder a la oposición aceptando la democrática alternancia.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Para estas alturas el ex presidente Miguel de la Madrid, quién después de don Pancho Labastida sería la persona más afectada por una traición desde Los Pinos, se reúne todos los jueves al filo de las seis de la tarde en las instalaciones de la Fundación Colosio con un interesante grupo, de entre los cuales hoy nos interesa destacar a José Córdoba Montoya y Francisco Galindo Ochoa. Desde luego que no se trata de un grupo de conspiradores y sobre todo estando presente el personaje a quien De la Madrid calificara como: "el francés", cuando el galo-español dirigía el gabinete presidencial durante el sexenio de Salinas.

En ese marco, el viejo PRI está haciendo esfuerzos sobre humanos para levantar la campaña de Labastida, la experiencia de Galindo Ochoa en el control de medios y de líderes de opinión es indispensable pero, exceptuando a Córdoba, quien sí sabe por dónde va Zedillo, el resto se está haciendo consciente de que, como en el conocido drama sakespiereano, efectivamente huele a traición en Dinamarca.