EL LEGITIMADOR Y LA SEGURIDAD NACIONAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 24-06-00)

Abordar temas de seguridad es siempre un asunto delicado y cuando de seguridad nacional se trata, entonces hasta se torna peligroso. El Instituto Federal Electoral (IFE) es, sin lugar a dudas, una institución cuya legitimidad y prestigio viste con adecuado o inadecuado ropaje al propio Estado mexicano, lo cual automáticamente lo convierte en materia de seguridad nacional.

Sin embargo, las instituciones son solamente la infraestructura formal que se da legalmente la nación para cumplir con objetivos específicos. Ello significa que los organismos institucionales no generan, por sí mismos, ni talento ni la creatividad, son los responsables de dirigirlas quienes, a fin de cuentas, imprimen el sello de su personalidad a los procesos operativos en la consecución de sus fines.

En el caso del IFE, José Woldenberg, su actual consejero presidente, como es lógico suponer, no llenó una solicitud como aspirante al puesto. El fue seleccionado por un grupúsculo político informal que se ocupa de las decisiones de Alta Política del sistema. Quienes le otorgaron la responsabilidad de dirigir el Instituto, sabían lo que hacían porque la inversión es política. Para Woldenberg significó ochenta mil pesos mensuales de modesto sueldo (en números gruesos, el equivalente a 67 trabajadores de salario mínimo, sin contar con automóviles, chofer y pago de gastos de representación que, en valor, podría duplicar su ingreso nominal).

Recordemos que durante el anterior proceso electoral, cuando el PRI perdió la mayoría absoluta en la cámara baja del Congreso, la dirigencia del Estado no se atrevió a manchar la reputación de Woldenberg, pidiéndole lo que no debería pedirle. Antes bien, prefirieron deshacerse de quien consideraron culpable y le cortaron la cabeza a Emilio Chuayffet, el secretario de Gobernación encargado de la política interior.

Dentro de ocho días Woldenberg pasará su prueba de fuego, una elección presidencial que si no se trabaja adecuadamente podría incendiar al país. La UNAM tendrá que brindar la infraestructura computacional para manejar técnicamente la elección y aunque sabemos que le será otorgado el triunfo a don Pancho Labastida, todo lo demás está, como la moneda en un volado, en el aire.